Caminar con paso liviano por la vida
Escrito por Ian Patrick, publicado en www.milagrosenred.org
Hace varios años pasé la mayor parte de un año viajando a lo largo de África en un camión con un pequeño grupo de australianos. Fue una experiencia increíble y transformadora de muchas maneras —¡entre las que figuraba preponderantemente todas las oportunidades que tuve de perdonar a los australianos!—.
Me encantó la vida en ruta abierta, la novedad de los distintos países y paisajes. Más que nada, me encantaba conocer a gente de culturas y antecedentes tan distintos, y darnos cuenta que aún así había muchas más cosas en común que cosas que nos separaran.
Sin embargo, una de las lecciones más importantes que aprendí acerca de mí mismo, fue lo fácil que me resultaba, bajo esas circunstancias, dejarme fluir con el vaivén de los eventos.
Como en todas las expediciones de este tipo, hubo muchos desafíos y contratiempos. Se tratasen de descomposturas mecánicas, enfermedades, incomodidad física, encuentros con coimas y corrupción, condiciones meteorológicas adversas o robo (todos presentes en abundancia), pude aceptar todo como parte de la ‘experiencia Africana’. “Esto es lo que sucede en África, razoné, así que está bien.” Había llegado hasta allí en busca de aventura y ¿qué clase de aventura hubiera sido si todo funcionaba a la perfección?
Esta misma actitud es mucho menos fácil de aplicar a mi vida diaria en casa. Yo no sé por qué es tan difícil. En realidad no hay ninguna diferencia. De hecho, mi experiencia africana es una hermosa analogía del ‘panorama más amplio’. Un Curso de Milagros® nos dice que como Hijo de Dios, elegimos tomar nuestra propia ruta, en busca de aventura, dejando atrás a nuestro Padre.
Los ‘desafíos’ y ‘contratiempos’, según parece, son un aspecto inevitable de este estado separado de sueño, tal como lo fueron para mí en África. Todo lo que sucede en la vida es parte de la ‘experiencia de vida’, aventura de la vida; así que también está bien.
En vez de dejarme fluir con el vaivén de los eventos y aceptar mis experiencias a medida que suceden, he notado cómo se interponen mis expectativas y apegos, destruyendo mi paz mental y mi felicidad, una y otra vez. Mi ego está apegado a los resultados. Quiere que las cosas vayan por su lado. El Espíritu Santo, en cambio, acepta todas las situaciones plenamente, sabiendo que cada uno es el aula perfecta para mis aprendizajes; así como Él también me acepta a mí y a mis errores completamente.
El logro de un estado de ser sin apegos es un tema común entre las religiones del mundo. En el Budismo, se considera la esencia de la iluminación. Lao Tzu enseñó que debiéramos ser como un río, fluyendo sin esfuerzo sin lucha ni codicia. Las religiones enseñan a vivir por fe.
El problema con mis apegos psicológicos, sean a las personas, cosas o eventos, es que me mantienen atascados, como los apegos físicos. Un apego (o una aversión) a cualquier cosa en mi mente me ata a la ilusión de esa cosa y por lo tanto tiene el efecto de hacer que la ilusión sea aparentemente real.
Si puedo mantenerme alerta y entregar mis apegos al Espíritu Santo, me libero de ellos. A medida que me libero de mis apegos, me libero de las ilusiones. Una vez liberado de las ilusiones a su vez puedo recordar la verdad acerca de mí mismo: que soy un espíritu libre, uno con mi Creador—no una entidad limitada, en un cuerpo físico, destinado a caer presa de toda clase de influencias del mundo exterior.
Creo que la meta de todo estudiante de Un Curso de Milagros® es caminar con paso liviano por la vida. Como dice Kenneth Wapnick: “Haz lo que debas hacer. Pero no hagas un gran mundo de ello.” Si tuve la habilidad natural de hacerlo en el corazón del África, también lo puedo convertir en habilidad natural en casa.