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Consejos sobre la práctica

Por Allen Watson, publicado en www.circleofa.org


Lectura en voz alta

Una técnica de práctica que encuentro muy simple y efectiva de vez en cuando, es leer la lección en voz alta. Es difícil explicar qué es lo que hace que sea diferente de la simple lectura silenciosa, pero definitivamente es distinta. Hace unos pocos días, estaba haciendo el repaso nocturno de la lección diaria con una amiga, y lo hizo en voz alta; después de esto, ella comentó que el simple hecho de la lectura en voz alta había hecho que la lección fuera mucho más significativa que al leerla por la mañana.


 

Quizás, lo que la hace diferente es que, con el objeto de leer con adecuada expresión; se requiere que la mente se serene un poco y preste más atención a lo que se está diciendo. Al leer en voz alta, podemos notar distintos matices de significación y conexiones entre las oraciones que podrían pasar desapercibidos durante una lectura silenciosa. Dado que he leído las lecciones del Libro de Ejercicios cientos de veces en voz alta para los grupos de estudio y para los talleres, puedo asegurar que con frecuencia sucede que mientras leo, comprendo mejor la lección, y muchas veces me moviliza emocionalmente de una forma que no logra la lectura silenciosa.

Quizás, la lectura en voz alta le da vida a la lección ya que, al darle voz a las palabras de la lección, tratamos de leer con sentimiento. Para poder leer con sentimiento, en realidad tienes que comprometerte con tus sentimientos, lo cual es algo muy fácil de pasar por alto al leer silenciosamente.

Una variación en la lectura en voz alta, es leer la misma oración varias veces con diferentes énfasis, presentando distintos tintes en el significado cada vez. Por ejemplo, existe una pequeña diferencia en el significado de la oración “Yo soy tal cual Dios me creó” si la leemos con el énfasis puesto en diferentes palabras. Tratemos de leer lo siguiente, con énfasis en la palabra escrita en negritas.

Yo soy tal cual Dios me creó

Yo soy tal cual Dios me creó

Yo soy tal cual Dios me creó

Yo soy tal cual Dios me creó

Resulta muy beneficioso hacer esto con el pensamiento principal de cada lección, nos ayuda a fijar el pensamiento del día en nuestra mente, resultando máss fácil recordarlo durante el día.

Plegarias Expandidas

Otra variación de la lectura en voz alta es la de transformar lo que estás leyendo en una plegaria hablada. Esto es particularmente aplicable a las 140 lecciones de la segunda parte del Libro de Ejercicios, dado que cada lección ya contiene una plegaria. En lugar de leer la plegaria en voz alta, ora la plegaria. Tómate una par de segundos para recordar que en realidad te estás dirigiendo a Dios, a través del Espâritu Santo. Estas son plegarias que Dios nos ha entregado para orar.

Parece muy sutil la diferencia mental entre la simple lectura de la plegaria en voz alta, y leerla como una plegaria, pero esa pequeña diferencia mental significa una gran diferencia en el impacto que la lectura tiene en tu mente. Tomemos la plegaria de la lección 252 por ejemplo, la cual es muy corta. La primera línea es “Padre, Tú conoces mi verdadera Identidad”. Trata de decir esa línea en voz alta mientras retienes el pensamiento de que le estás hablando a Dios; hay muchísima diferencia en cómo esa línea te afecta. Cuando lo hago, lo primero que noto es un sentimiento de profunda gratitud y agradecimiento que crece dentro de mí. Nos da tanta seguridad, tanta certeza, saber que hay algo que Dios sabe.

La siguiente línea es “Revélamela ahora a mí que soy Tu Hijo” (L-pII.252.2:2). Al rezar esa frase, me hago consciente de lo que en realidad estoy pidiendo. Me pongo en contacto con un anhelo en mi interior de conocer mi verdadera Identidad como Hijo de Dios.

Se puede ampliar aún más la lectura de las plegarias como plegarias. Podemos tomar las palabras escritas como punto de partida, y utilizarlas para desarrollar nuevas palabras de oración que sean más personales, o más especâficas para las propias necesidades y entendimiento, agregándole pensamientos que recordemos de otras partes del Curso, o simplemente desde la propia mente, guiada por el Espíritu Santo.

Por ejemplo, esa palabra “Revélamela”. Podríamos usar algunos de los pensamientos del primer párrafo de la lección para hacer la plegaria más específica, por ejemplo:

Padre, revélame la santidad del Ser que soy; déjame atisbar una más completa visión de esa santidad. Ayúdame a ver más allá de las concepciones limitadas de santidad que tengo ahora. Revélame la brillante y perfecta pureza que mi Ser posee. Revélame el ilimitado amor de mi Ser; déjame ver ese amor que sostiene todas las cosas en Él. Padre, quiero conocer la calma que da la serena certeza de este amor. Quiero conocer su fortaleza. Abro mi corazón y mi mente a Ti, Padre. Revélamela ahora”.

En realidad, no hace falta limitar esta técnica de transformar las palabras del Curso en plegarias a las plegarias del Libro de Ejercicios. Se puede aplicar a cualquier parte del Curso. Las palabras del Texto pueden transformarse en plegarias muy fácilmente. Como ejemplo, podríamos leer la línea: “Si recorres el camino de la bondad, no tendrás miedo del mal ni de las sombras de la noche” (T-27.I.1:3) y transformarla en una plegaria:

Padre, deseo caminar con bondad. Espíritu Santo, sé mi Guía; enséñame el camino de la bondad en esta situación (quizás nombrando una situación específica en la que te encuentras). Ayúdame a caminar sin temor a la maldad o a las sombras de la noche”.

El simplemente leer en voz alta, agregará nuevas capas de significado a lo que lees. Transformar las palabras en plegarias, las personaliza, y las aplica a los sucesos de tu vida. El simple hecho de utilizar la técnica de transformar las palabras del Curso en plegarias, puede transformar cada parte del Curso en una fuente de práctica espiritual. Estas técnicas pueden parecer muy simples, sin embargo son poderosas. Sólo al utilizarlas te darás cuenta de cuán poderosas pueden ser; entonces, ¿porqué no lo intentas?

 


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