el vuelo del águila
(fragmento de "Las plumas de las águilas, diario apócrifo de Madrid")
Publicado por Juan Navarro en:
http://mesacamillaenparis.blogspot.com
Te quiero, pequeña.
Te echo de menos y te necesito.
No en el sentido de tenerte ni de que me tengas,
de colgarme de ti o de que te cuelgues de mí,
de engancharme o de que te enganches,
te quiero libre.
Soplo, brisa o viento cuando quieras agitarte y agitarme.
Huracán que sacude o arrastra cuando hace falta.
Río impetuoso, y laguna.
Un vals, si fuera baile, o el baile prospectivo,
con el que se indaga y explora.
O el último del día o de la noche,
en el que los brazos
son alas que ascienden y se entregan.
No te quiero para mañana,
mañana será mañana,
mañana no existe,
para ahora mismo te quiero,
para este instante nada más.
Nada más allá del instante luminoso.
Este instante, el instante sucesivo y eterno.
Te quiero sin etiquetas, novia, amiga, compañera, amante;
sólo te quiero, con el traje que te pongas te quiero.
Tu traje.
Lo que se llama amar en el diccionario del corazón,
mi diccionario, donde no hay registro de la propiedad.
Sin inscripciones, sin contrato.
Puedes entrar o salir, estar o no estar,
estar cuando quieras estar, libremente,
porque tú también quieres estar.
No te quiero para salir ni para entrar,
aunque entremos y salgamos juntos,
sé hacerlo solo, quiero hacerlo solo,
y quiero que lo hagamos juntos.
No quiero tu compañía ni quiero ser tu compañía,
no quiero media naranja ni ser media naranja;
fruta entera,
sí, lo que soy, lo que somos.
Platos de un menú completo
o ingredientes, otras veces,
de un plato más complejo.
Pero me gusta tu compañía, me bendice,
me sustancia en la charla, en el debate,
me disuelve y me define en la copa de vino
que tomamos despacio, sin palabras.
Quiero hacer lo que quiero hacer
y que tú hagas lo que quieras hacer,
sin que nadie condicione a nadie,
como lúcidos amigos, plenamente amigos.
Nunca como enemigos, aunque nos tiente la distancia.
Quiero el reto común, el sueño de París,
los sueños que imaginas e imagino.
No quiero que me traigas ni me lleves,
ni quiero traerte o llevarte.
Pero te quiero.
Quiero ser tu silla algún día
si algún día quieres sentarte.
Quiero que seas mi oído algún día
si algún día necesito hablarte.
Quiero que me llames idiota
cada vez que te parezca idiota:
no soy, al fin, sino el cuerdo tonto que te mira.
Con derecho a equivocarnos.
El desencuentro, no.
Ni el egoísmo.
Aunque está tu egoísmo y mi egoísmo.
Y está, también, la ternura que los borra.
Te amo, pero no estoy enamorado.
Ni de ti ni de nadie.
Ama quien no espera nada a cambio.
Enamorarse es la ilusión, la fantasía del confundido,
de quien cree que ama, aunque no ame,
entregado a ser adorno, si hace falta,
a ser carga o a cargar,
protector o dependiente.
Aunque, a veces, sea también tu escudo
y tu cota de malla.
No soy perfecto, estoy hecho de retales,
carne y hueso desechables, pero dulces.
Arcilla que pasa por mis manos
y que a las tuyas, también, se entrega para hacerse.
Te quiero, pequeña.
Confiar la vida no es entregar el alma.