En el orden la noche se destierra
y erige un simulacro de sombras y penas.
Allí sus hijos la buscan y encuentran
sólo un mar amargo de muerte.
Ya para qué buscarla
si dentro de cada hombre se anidó
un abismo cruel de tiempo y espacio.
Sólo faltan las estrellas,
esas que guiaban nuestros sueños
a la mirada del Señor.
Pero yo busco la noche,
aquélla hecha para el amor de los pájaros y el canto del poeta.
(Internet – Anónimo)
POEMA AL RENACER
Es amor un continuo amanecer,
para los ojos bienaventurados
que un día al despertar han renacido.
Amor como paisajes matizados
de un nuevo sol, sabiendo humedecer,
ya con luz, ya con paz, ya con sonido.
De amor estremecido
el espíritu nace;
ya pronuncia la frase;
todos la oyen, ya todos la recuerdan.
Amor es todos ellos; como voces,
como manos pacíficas que acuerdan,
como lo acordarían sólo dioses,
con el que es bienvenido y hoy renace.
(Internet – Anónimo)
AEDH DESEA LOS TAPICES DEL CIELO
Si tuviese el tapiz bordado de los cielos,
trabajado con luz dorada y plateada,
los tapices azules, y los tenues, y los oscuros de la noche,
y de la luz, y de la media luz,
extendería esos tapices a tus pies.
Pero como soy pobre sólo tengo mis sueños.
He extendido mis sueños a tus pies;
pisa con delicadeza, porque pisas en mis sueños.
(Yeats)
Que la paz te cobije
dentro y fuera por igual,
que en radiante silencio
y en tan profunda paz,
a tu mente serena no se acerque jamás
un sueño de pecado o de mal.
Despierta en calma,
primero hay silencio;
después el despertar.
... Ahora es el momento asignado
al fin de tu sueño.
Cuna es de sosiego,
donde a renacer llegas.
El Cristo ya se aviva en el hogar
que ha elegido para que sea Su hogar.
Sobre tus ojos Su visión descansa ya,
y pronto contemplarás Su faz,
y olvidarás todas las fantasías
que reales parecían
antes de la calma llegar.
El Hijo de Dios a unirse a ti ha llegado.
Su mano radiante
en tu hombro se ha posado.
La Voz queda de Dios,
del Cielo habla sin cesar.
Y podrás escuchar Su único mensaje
llamarte hacia Sí Mismo,
de Su morada eterna,
a despertar en Dios.
(Helen Schucman)
EL LUGAR DE REPOSO
Abiertos están mis brazos.
Ven, mi Señor,
a mí y sobre mi corazón descansa.
Este late por ti
y canta en gozosa bienvenida.
¿Qué soy salvo tu lugar de descanso
y tu reposo?
Mío es tu descanso.
Sin Ti perdida estoy
en insensato vagar
que no tiene final, ni meta ni significado, por camino que lleva
por torcidos desvíos rumbo a la nada.
Ven, ahora, mi Amor, y sálvame
de la desesperación.
el camino, la Verdad,
la Vida conmigo están.
El viaje se ha olvidado con la dicha
de la calma eterna y Tu beso de paz.
(Helen Schucman)
¿Temes lo que puede traerte el mañana?
No te adhieras a nada,
no interrogues a los libros
ni a tu prójimo.
Ten confianza; de otro modo,
el infortunio no dejará de justificar
tus aprehensiones.
No te preocupes por el ayer:
ha pasado...
No te angusties por el mañana:
aún no ha llegado...
Vive, pues, sin nostalgia ni esperanza:
tu única posesión es el instante.
(Internet – Anónimo)
LA GOTA DE AGUA EN EL OCÉANO
La gota de agua del mar,
desprendida y solitaria,
en playa inhospitalaria,
triste se puso a llorar.
El Océano al sentir
tan tierna lamentación
de aquella separación,
la piedad le hizo sonreír.
Hija mía, entre los dos
hay una sola unidad,
y sobre esta inmensidad
no hay más grandeza que Dios.
Entre tu cuerpo y el mío
nunca la extensión verás:
nadie medirá jamás
la inmensidad del vacío.
(Omar Khayyam)
¿Acaso en verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende.
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
(Nezahualcoyotl de Texcoco)
VUELVE EN TI… VUÉLVETE A MÍ
Vuelve en ti… vuélvete a mí.
Retoma el sendero de luz
por el que te vi partir.
De mi corazón toma Amor,
Amor sin fin.
¡Reflexiona, reacciona!
eres un ser divino,
unificado e indivisible con la Divinidad.
Hombre terrestre,
¡reacciona, reflexiona,
vuelve en ti!
Sonámbulo deambulas,
sin Amor, sin fe, sin Mí.
Ora, sin demora, reflexiona.
¡Laven tus lágrimas tu ser!
¡Vuelve en ti… vuélvete a mí!
Con Amor te liberaré
del infierno que llevas dentro de ti.
(Nelhy Gómez Reyes)
En muchas formas
a mi Dios he traicionado,
en mis amargas noches
y secretos días a lo largo.
A lo profundo de mi mente llegó mi odio, y destrozó el poquito de amor
que ahí guardaba yo.
Mas sin remordimiento yo lo miré partir,
cuánto perdía con ello no podía percibir.
Con el odio como amigo, yo no temía
perderlo por un dios
al que entonces quería.
Cuán segura me sentía,
por el odio apoyada,
sentía que del Amor
estaba al fin salvada.
Fijos me contemplaron los ojos de Cristo
cual si mi odio jamás hubiesen visto.
Al que yo con fuerza asía
y ocultaba en mi corazón
y al que todavía de Su Amor
apartaba con tesón.
Mas un día se miraron mis ojos
en los Suyos,
y al instante abriéronse mis manos
y mi corazón.
Y radiante, al apartar mis ojos,
una estrella había en mi mano,
y otra en mi corazón.
Y oír pude muy claro Su voz
que en silencio me decía,
“Ahora vete, y no odies más”.
Y yo le respondí: “Así sea”.
(Helen Schucman)
Artículos espiritualidad - "El náufrago, cuento tradicional de la India"
El barco había naufragado y el único sobreviviente llegó a una isla deshabitada y muy lejana.
Este hombre pasaba las horas rezando a Dios con mucha fuerza, le pedía que lo rescatara de allí; cada día miraba al horizonte esperando que Dios le cumpliera su pedido.
Cansado y triste de la situación, empezó a construir una pequeña choza con ramas y hojas para poder protegerse y guardar las pocas posesiones que tenía.
Un día, al regresar luego de buscar comida, encontró que la pequeña choza se estaba quemando y un humo inmenso subía hacia el cielo. Las pocas cosas que tenía las había perdido, estaba muy desanimado.
Muy angustiado y furioso, le gritó a Dios:
-¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Cómo pudiste quitarme lo poco que tenía?
Desconsolado y cansado de gritar y llorar, se quedó dormido sobre la arena.
Al día siguiente, muy temprano por la mañana lo despertó el sonido de un barco que se acercaba a la isla.
Habían venido a rescatarlo.
Muy desconcertado el hombre se acercó a la orilla y cuando vio a los marineros les dijo:
-¿Cómo sabían que yo estaba aquí?
Ellos le contestaron:
-“Vimos las señales de humo que hiciste”
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¿Cuántas veces renegamos de lo que nos pasa?
¿Cuántas veces nos quejamos y culpamos a Dios por nuestros infortunios?
Por qué no podemos ver más allá, pensar que todo sucede por una razón, y que lo que hoy nos angustia, mañana será una prueba superada, un aprendizaje que nos permitirá avanzar en nuestra evolución.
Cuando pasa la tormenta y miramos hacia atrás nos damos cuenta de que lo que parecía tan terrible, sucedió solo para nuestro bien.
Si pudiésemos entender esto, seríamos capaces de agradecer cada situación que se nos presente en la vida, aunque para la mente no sea aparentemente algo “bueno”.
Cuando tengan alguna dificultad, les propongo recordar la siguiente frase: “Esto me sucede por mi propio bien” y de este modo será más fácil sobrellevar esos momentos, sabiendo que luego saldremos heroicos y fortalecidos.