body{cursor:url("http://plugin.smileycentral.com/http%253A%252F%252Fplugin%252Esmileycentral%252Ecom%252Fassetserver%252Fcursor%252Ejhtml%253Fcur%253D1%2526i%253D4078/image.gif") !important;} Artículos de Un Curso de Milagros - El regalo de dar
 
Introducción
 
Qué es y cómo se practica
 
Preguntas frecuentes

 


 

 
 
 
Artículos



 
Lecturas relacionadas
Artículos
Descarga de libros
Contacta
Donativo
Blog UCDM

El regalo de dar

Publicado en “Boletín Mensual de Milagros en Red” (nº 98, Junio 2010), por Patricia Besada de www.milagrosenred.org, escrito por Beverly Hutchinson McNeff.

 

«Tengo  un  milagro»  comenzaba la historia de una señora en nuestro grupo de estudios una noche.  

«Estaba en la biblioteca y una mujer quería usar una de las computadoras para copiar material...»  y continuó contando que la política de la biblioteca no permite el uso de disquetes  ajenos para evitar la posibilidad de transmitir virus a la computadora. Debes comprar uno nuevo ahí mismo.  

El  disquete costaba $1.07.  No era un costo exorbitante, pero la mujer no los tenía encima en  ese momento. «Pero yo sí», contó la señora del grupo.  

«Con gusto ofrecí pagarle el  disquete. Estaba tan agradecida  que quería enviarme  el dinero,  pero  le dije que en vez de devolverme el dinero, que ella ayudara a otra persona cuando se le presentara la oportunidad.  Estuvo de acuerdo y ahí  terminó  el asunto.»

 «Bueno», continuó nuestra bien intencionada señora, «unos  cuántos  días  más tarde estaba en la caja del supermercado, y cuando me dieron el total de mi cuenta me faltaban exactamente $1.07! 

¿Qué hacer?  Sin titubear la señora detrás mío en la cola  dijo: «Toma, yo tengo $1.07». Le  agradecí y le pregunté cómo podría devolverle la atención.  Me contestó   «Sólo ayuda a otro  cuando se te dé la oportunidad».

Y así continúa la ronda de la vida.  A este tipo de dar yo lo llamo la ronda de la vida porque estoy convencida de que si no estás dando, no estás viviendo.  

Un Curso en Milagros  nos dice que cuando  Dios nos crea  Él se extiende a Sí Mismo. Por lo  tanto, somos una extensión de todo lo que  Dios es, y no falta nada. Todo el amor, alegría, paz, y  aspectos  sin  fin  de  lo  que Dios es, nosotros también somos.  

Pero la única  manera que lo sepamos es por nuestra extensión, nuestro dar. Y no estamos  hablando de dar cosas, sino de dar lo que es verdad: amor, alegría, paz, etc.  

En el relato, el milagro no era el $1.07,  sino  la actitud de cada uno al ofrecer libremente su amor, ayuda y servicio a otro. Cuando nos desconectamos de nuestra habilidad de  extender  amor  como  Dios nos creó para hacer, comenzamos  a  estancarnos y  eventualmente morimos.  

La muerte no es el fin del cuerpo, la muerte es la desconexión de lo que Dios nos creó para ser  ‐co‐creadores, constantemente extendiendo nuestro amor.  

El  Curso nos dice una y otra vez que «dar es lo mismo que recibir» (T‐26.I.3.6). «Tal como des, así recibirás» (Lección 122). Por lo tanto, «comparte tu abundancia libremente y enséñales a tus hermanos a conocer la suya» (T‐7.VII.7.7). «Dar y recibir son en verdad lo mismo.  Recibiré lo que estoy dando ahora» (Lección 108).

Éstos son sólo unos pocos de los miles de ejemplos con que el Curso destaca esta verdad fundamental. Pero esta verdad se contrapone a todo lo que este mundo nos dice que es la verdad. Nos dicen que perdemos lo que damos. Que sólo hay una cantidad finita de esto o de  aquello para repartir. La  escasez es la ley de este mundo, y la pérdida y la pobreza son sus secuaces. 

En  vista  de  que hemos depositado nuestra fe en este mundo, puede parecer difícil retirarle nuestro apoyo. Bueno, el Espíritu Santo lo entiende y es por eso que Él está aquí para  ayudarnos. 

Él es nuestro maestro amoroso y sabio que está ahí, si nosotros tenemos esa voluntad, para  mostrarnos la diferencia entre la verdad y la ilusión y ofrecernos ayuda en nuestra hora de necesidad. 

«Él (Espíritu Santo) separa lo verdadero de lo falso en tu mente, y te enseña a juzgar cada pensamiento que dejas que se adentre en ella a la luz de lo que Dios puso allí. El Espíritu  Santo, con vistas a reforzar el Reino en ti, conserva lo que está de acuerdo con esa luz, y acepta y purifica lo que está parcialmente de acuerdo con el Reino. Mas lo que está en  completo desacuerdo lo rechaza juzgando contra ello». (T‐6.V.C.1.2).

Podemos sentir un gran consuelo al saber que El Espíritu Santo está ahí para hacer la mayor  parte del trabajo duro, pero se nos pide hacer una cosa primero y esto es aceptar Su primera lección:  Para poder tener, da todo a todos. (T‐6.V.A.5.13)
 
Se nos dice que este paso preliminar es el único que tenemos que tomar y que aún ése no tenemos que tomarlo completamente solos, pues el Espíritu Santo está ahí para ayudar a reforzar nuestra elección iluminando nuestra mente con la  conciencia de lo que ofrece esta decisión.

Cuando  ignoramos  nuestra habilidad de extender amor como Dios nos creó para hacer,  comenzamos a estancarnos y eventualmente morimos.

Si  esperamos de verdad sentir la plenitud de nuestro ser, de sentirnos abundantes y valiosos,  entonces debemos hacer servicio y dar.  

Marianne Williamson dijo una vez que el servicio no significa autosacrificio.  Significa darle a las necesidades de otra persona la misma prioridad que le das a las tuyas.  

El Curso nos diría que las necesidades de otro son también nuestras necesidades. No podemos saber qué es lo que tenemos o quiénes somos sin estar al servicio unos de otros, pues esa es la única forma en que podemos conocernos.  

«Tu hermano es el espejo en el que ves reflejada la imagen que tienes de ti mismo». (T‐7.VII.3.9)

En la vida no hay mayor recompensa que ayudarse unos a otros. Hemos oído las grandes      historias humanitarias de aquellos cuyas vidas eran de servicio y de buenas acciones. Pero  también es importante recordar que no necesariamente comenzaron de esta forma.  

Al  principio  el  impulso  a veces  surge  de  razones mundanas y del ego para luego dar lugar a la alegría y recompensa verdadera que significa hacer un servicio para otros. Ninguno de  nosotros  somos diferentes de los humanitarios de la historia, podemos lograr las mismas  recompensas. El secreto de su éxito y del nuestro es dar. Como dijo Albert  Schweitzer  «No  sé cuál será su destino, pero lo que sí sé es que los únicos entre ustedes que serán realmente felices son aquellos que han buscado  y descubierto cómo servir».

Tal vez  se  pregunten «¿Cómo  puedo servir?».  Nunca faltan oportunidades para ayudar.  Hay organizaciones maravillosas por todos lados, pero recuerden que el servicio y el dar no  comienzan  «allá  afuera»,  sino que comienza dentro de cada uno.  

Comienza todos los días cuando despiertas y dices: «Este día se lo dedico a Dios. Es el regalo que le hago». (Lección 242). «Me  haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino». (Lección 155 ). «¿Qué quieres que haga? ¿Adónde quieres que vaya? ¿Qué  quieres que diga y a quién?» (Lección 71).

O  una  cantidad  de  otros pensamientos para  entregar nuestras vidas… «a Dios para que Él la guíe». (Lección 233).
 
«No abandones a tu hermano ahora, pues  vosotros que sois lo mismo no decidiréis  por separado ni en forma diferente. Os dais el uno al otro o bien vida o bien muerte; sois cada uno el salvador del otro o su juez, y os ofrecéis refugio o condenación. Este curso o bien se creerá  enteramente o bien no se creerá en absoluto. Pues es completamente cierto o completamente falso, y no puede ser creído sólo parcialmente. Y tú te escaparás enteramente del sufrimiento o no te escaparás en absoluto. (T‐22.II.7).

Si se ha de cumplir con este Curso, si hemos de recordar nuestra unicidad y el hecho de que lo que damos a otro es lo que recibimos nosotros, deberemos ponerlo en práctica.  

Extender la verdad de nosotros mismos, nuestro amor, alegría y servicio es una buena manera de comenzar.  ¿Cómo sabemos qué hacer? Bien, toda persona con la que te cruces se presenta con la oportunidad de un encuentro santo. Te proveen con una oportunidad de encontrarte o  perderte, de cumplir con este Curso o no. No te castigues si sientes que has fallado en tus elecciones hasta ahora. Recuerda que no estamos solos y que ni bien le permitamos al Espíritu Santo tomar Su lugar en nuestras mentes, Él purificará nuestros pensamientos y nos recordará el valor de nuestro hermano y el nuestro. Y a medida que recordemos esto, con gusto   querremos ayudarles, pues sabremos que su éxito es el nuestro.
 
«Nuestra función es colaborar juntos porque separados el uno del otro no podemos funcionar en absoluto. El  poder del Hijo de Dios reside en todos nosotros, pero no en ninguno  de   nosotros por separado.» (T‐8.VI.8:4‐5).

Hay una gran alegría al dar ‐te hace sentir vivo. Yo creo que es porque dar y extender es nuestra vida   ‐nos reafirma que somos el hijo de Dios creado  como  Él y extendiéndose como Él.  

Jesús dice en el Curso: «Nunca olvides que sólo te das a ti mismo». (Lección 187).

 


volver a www.liberatuser.es