Por el Dr. Vincent Vuillemin, monje zen, jefe de proyecto del CERN, publicado en: www.zen-deshimaru.com
Basta con hacerse honestamente esta pregunta para darse cuenta de que el tiempo es un concepto que vive en nosotros. El tiempo no tiene ser propio y no es por tanto mesurable en sí mismo. Es percibido en función de las cosas, en función de los acontecimientos, en función de un tema, de los seres humanos, por ejemplo. En física, el tiempo ha sido limpiado de todo lo que lo le hace importante para nosotros, su concepto se ha simplificado completamente, formalizado, matematizado. En física el tiempo carece, por ejemplo, de dirección; el pasado y el futuro no
existen. Además, las ecuaciones de la relatividad general son simétricas con respecto a la variable tiempo. Éste es un tiempo extremadamente pobre en relación con el que vivimos, y la ciencia tuvo que realizar un esfuerzo considerable a fines del siglo XIX para restablecer su irreversibilidad.
Hemos conservado en nuestras mentes este concepto de tiempo lineal que transcurre. Es real, es suficiente con observar el transcurso de la vida. Pero nuestra conciencia de un tiempo que transcurre de manera regular y universal, ha cambiado profundamente en la época moderna.
En un capítulo del Shobogenzo, Uji, el Maestro Dogen habla del ser-tiempo. Innumerables escritos han hablado del tiempo, también en física, con la flecha del tiempo --la dirección del tiempo-- , porque en nuestro mundo el tiempo se ve transcurriendo en un único sentido. Hasta estas últimas décadas el tiempo era considerado en las sociedades occidentales como una entidad absoluta. El tiempo, o más bien su medida, está exactamente definida. Sin embargo, por un lado, en el siglo XIII el Maestro Dogen habló del ser-tiempo, es decir, expresó el hecho de que fuera de los seres, de nosotros mismos en particular, o de forma más general de la presencia de materia, el tiempo no existe de manera absoluta. El tiempo está completamente unido a los seres. Por otro lado, ya en nuestro siglo, Einstein demostró que el tiempo es un concepto relativo, que depende del punto de referencia desde el cual lo observamos y de las masas presentes. El tiempo ha caído en picado de su pedestal de variable absoluta.
Uno de los grandes descubrimientos de Einstein fue establecer, en la teoría de la relatividad general, que el tiempo no es absoluto, sino que su observación se modifica por la presencia de masas en nuestro universo. En la nada absoluta (llamada kakunen musho en los textos zen), el tiempo no existe, primera cosa. En este sentido, hablar del principio de nuestro universo se refiriere únicamente a un concepto inexacto de tiempo absoluto y no de tiempo relativo, porque la distribución de las masas en el interior de nuestro universo está en constante cambio. En este sentido se podría decir que nuestro universo ha surgido de la infinidad del tiempo, que nuestro universo y su tiempo han nacido a la vez, como se acostumbra a decir. En el budismo el concepto de tiempo que separa el nacimiento del universo de su desaparición, es muy vago, y corresponde a la idea de kalpa. Por otra parte, siendo también un kalpa un parpadeo del ojo de Buda, es evidente que no tiene contenido real o mesurable de manera absoluta. De todas formas, ésto no impide, que en nuestra época, en nuestra vida, podamos hablar del tiempo transcurrido, medido, por ejemplo, por el desplazamiento de las agujas de un reloj.
El concepto de tiempo desaparece a nivel cosmológico ya que no existe ninguna referencia exterior a nuestro universo visible para medirlo. Es pues un concepto interno a nuestro universo. El concepto de la medida de tiempo transcurrido entre la aparición y la posible desaparición de nuestro universo no tiene significación en sí mismo, se podría hablar tanto de miles de millones de años o como de fracciones de segundos. Por otro lado, dentro de nuestro universo, la medida del tiempo no es absoluta.
Dogen decía lo mismo con otras palabras. Nuestra observación del tiempo depende de dónde estamos, depende y está ligado a nuestro ser. Dogen primero se dio cuenta de que el tiempo no era un concepto absoluto; más tarde ésto fue observado y demostrado por la física. Pero también, el conocimiento de la relatividad del tiempo por las observaciones de la física permite asímismo al ser humano darse cuenta de la relatividad y la impermanencia de todas las cosas, el mundo ya no se percibe como una entidad fija, exterior a nosotros. Negar la impermanencia de todas las cosas es, ciertamente, una fuente de sufrimiento para el ser humano. Por otro lado, los conceptos fundamentales de la física cuántica nos permiten ver a todas las cosas como en un constante cambio, en una interacción mutua, unidas unas a otras, como los seres humanos lo están los unos a los otros y al mundo en el que viven.
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