Haz que este año sea diferente
Publicado en “Boletín Mensual de Milagros en Red” (nº 92, Diciembre 2009), por Patricia Besada de www.milagrosenred.org, traducido del texto original en inglés de Robert Perry.
La manera en que el Curso espera que veamos el Año Nuevo
A medida que llega el año nuevo y piensas en otra serie de buenos propósitos, tal vez te interese saber que Un Curso de Milagros tiene sus propias ideas acerca del año nuevo.
A fines de 1966 y principio de 1967, Helen Schucman tomó nota de una serie de referencias al nuevo año. Aunque estaban dirigidas personalmente a Helen, estas referencias son sorprendentemente universales.
Es difícil imaginar una persona en el camino espiritual que no pudiese identificarse con ellas hasta cierto punto. En este artículo, me referiré a las más sustanciosas y dejaré que tú decidas si son aplicables en tu caso.
“Acepta el instante santo con el nacimiento de este año”. La primera cita llega al final del Capítulo 15. Es la conclusión de la explicación del Curso sobre cómo se debe celebrar realmente la Navidad. “Ésta es la época en la que muy pronto dará comienzo un nuevo año del [tiempo de Cristo] calendario cristiano. Tengo absoluta confianza en que lograrás todo lo que te propongas hacer. Nada te ha de faltar, y tu voluntad será completar, no destruir. Dile, entonces, a tu hermano: Te entrego al Espíritu Santo como parte de mí mismo. Sé que te liberarás, a menos que quiera valerme de ti para aprisionarme a mí mismo. En nombre de mi libertad elijo tu liberación porque reconozco que nos hemos de liberar juntos. De esta forma damos comienzo al año con alegría y en libertad. Es mucho lo que aún nos queda por hacer, y llevamos mucho retraso. Acepta el instante santo con el nacimiento de este año, y ocupa tu lugar -por tanto tiempo vacante- en el Gran Despertar. Haz que este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo. Y permite que todas tus relaciones te sean santificadas. Ésta es nuestra voluntad. Amén”. T-15.XI.10.
Es fascinante el término “tiempo de Cristo” en el Curso. Se refiere tanto a la época de Navidad como al instante santo. Es una combinación de las dos ideas porque el Curso quiere que nosotros las combinemos. Quiere que celebremos la Navidad entrando a un instante santo. Para eso es la práctica. En ella, liberamos a alguien en nuestra vida de las demandas que le hemos impuesto, y si lo hacemos sinceramente, seremos nosotros los que nos liberemos de la prisión del ego y entremos a un tiempo santo, el tiempo de Cristo, en que el evento original de la Navidad se repite en nosotros.
Así es como Jesús nos pide que celebremos la Navidad. Desde este tiempo de Cristo, nacerá un genuino nuevo año. Así como el año calendario nace del tiempo navideño, nuestro propio año nuevo nacerá de nuestro propio tiempo de Cristo. Esto no será sólo un año nuevo cronológicamente. Será un nuevo tipo de año, un año que es diferente en calidad. ¿Cómo será diferente? Será diferente porque al entrar en este instante santo, estamos aceptando unirnos a Jesús en su tarea, una labor que aquí se llama el Gran Despertar. Jesús claramente usa el nombre de un movimiento religioso del siglo XVIII en Estados Unidos como metáfora para el despertar espiritual global que tiene a su cargo. Él ha estado trabajando en esto por mucho tiempo, naturalmente, y todo ese tiempo ha reservado un lugar para nosotros en esta gran obra.
Sin embargo, nuestro lugar ha estado “por tanto tiempo vacante” mientras deambulamos año tras año sin diferencias entre uno y otro. Como resultado, en nuestro trabajo con él ya “llevamos mucho retraso”. Lo que hace que este sea un nuevo tipo de año, entonces, es que este año tomamos nuestro lugar en el Gran Despertar.
Esto comienza con liberar realmente a un hermano. Al hacerlo, firmamos un contrato con Jesús para liberar a todos los hermanos, y este propósito se convierte en el tema central del año. Esto es lo que tiene el poder de hacer que todas nuestras relaciones sean santas. Esto es lo que puede hacer que “este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo”.
En un año normal, constantemente saltamos entre distintos propósitos. Este año, sin embargo, nuestro único propósito será cumplir con nuestra parte en el Gran Despertar. Y si damos un solo propósito a todo en ese año, entonces experimentaremos todo en ese año como lo mismo. Como el Curso dice en otra parte: “Lo que comparte un mismo propósito es lo mismo. Esto es lo que estipula la ley que rige todo propósito”. T-27.VI.1:5-6.
Entonces ésta es una de las visiones del Curso para el nuevo año. Tenemos un instante santo de liberación para un hermano, y con esto se nos conduce a un escritorio que ha estado juntando polvo durante miles de años posiblemente, un escritorio que ostenta nuestro nombre.
Luego nos sentamos, nos arremangamos, y nos hacemos cargo de nuestro papel en la misión de la empresa, nuestro lugar en el Gran Despertar. Y esto se convierte en la tónica para nuestro año, un año de dicha y libertad, un año en que nuestras relaciones se hacen santas, un año en que todo es lo mismo porque todo en él está dedicado a un único propósito, el de despertar a todos nuestros hermanos.
¿Podemos identificarnos con esto? ¿Sentimos que tal vez exista en algún lugar un escritorio con nuestro nombre, un escritorio que ha estado juntando polvo, esperándonos, durante un largo, largo tiempo? ¿Sentimos que si encontramos ese escritorio, lo despejamos y nos sentamos para trabajar de verdad, nuestra vida tendría una calidad distinta? Finalmente, ¿es posible que al liberar de las cadenas de hierro de nuestras expectativas implacables a una sola persona, pudiésemos ser conducidos a ese escritorio?
“Decídete este año a no negar lo que Dios te ha dado. No hagas interpretaciones que se opongan al Amor de Dios, pues tienes muchos testigos que hablan de él tan claramente, que sólo los ciegos y los sordos podrían no verlos ni oírlos. Decídete este año a no negar lo que Dios te ha dado. Despierta y compártelo, pues ésa es la única razón por la que Él te ha llamado. Su Voz ha hablado claramente, pero tienes muy poca fe en lo que oíste debido a que has preferido tener más fe en el desastre que has ocasionado. Resolvamos hoy juntos aceptar las buenas nuevas de que ese desastre no es real y de que la realidad no es un desastre”. T-16.II.8:1-5.
Este párrafo describe una imagen irónica, que remite tanto a la mentalidad kafkiana de Helen Schucman, que podemos estar seguros de que estuvo dirigida directamente a ella. En esta imagen tenemos a alguien que ha ubicado su confianza en el desastre, y no sólo desastre en general; el desastre que ella misma causó. Este desastre es para ella el rasgo central de la realidad. Es la primera causa; aquello que tiene más poder que todo lo demás.
Sin embargo, algo ha irrumpido en la certeza calma de su desastre. La Voz que habla por Dios le ha hablado. Le han sucedido cosas que son “testigos” que manifiestan la realidad del Amor de Dios. Las noticias que le traen incluso se llaman buenas nuevas, una referencia a las “buenas nuevas, una gran alegría” que los ángeles mencionaron a los pastores cuando Jesús nació. Estos acontecimientos en su vida no son sutiles. Tanto la Voz como los testigos dicen h a b e r h a b l a d o “claramente.” Es más, han hablado “tan claramente, que sólo los ciegos y los sordos podrían no verlos ni oírlos”. En otras palabras, Dios se ha presentado en la vida de esta persona de una manera que es tan obvia que cualquiera lo podría entender. Es más claro que el agua.
Esto evidentemente habla de lo que le sucedió a Helen en los dieciocho meses desde que ella y Bill se unieron para encontrar una mejor manera. Ha tenidos sueños y visiones que la llaman a una vocación más elevada. Ha experimentado notables eventos sincronizados que imparten un mensaje claro. Y una voz ha comenzado a hacerse escuchar, hablando con una sabiduría que no es de este mundo.
En este punto, uno supone que cualquiera vería que la noche se ha terminado. La luz ha llegado. Dios ha llegado. Pero Helen no. Ella ve los testigos del Amor de Dios, pero los repregunta sin piedad, procurando hacer añicos su testimonio. Ella escucha la Voz de Dios, pero no le tiene demasiada confianza.
Salta a la vista que el desastre es tan real, tan históricamente inmune a todo intento de solución, que es difícil tomar en serio una Voz de esperanza tipo “castillo en el aire”.
A pesar de todos los milagros que ha visto y toda la sabiduría que ha escuchado, su confianza en el desastre permanece firme. La Voz y los testigos son detalles que zumban en los bordes; son fácilmente eliminados por su escepticismo. Imaginen que alguien que aman ha estado triste durante muchos años, y finalmente aparece una buena noticia que lo resuelve todo, y sin embargo, la tristeza de esta persona prosigue sin pausa. ¿Cómo reaccionarías? ¿Qué le dirías? Probablemente dirías algo parecido a lo que le dijo Jesús: despierta y mira la evidencia. No sigas desechándola. La desesperanza no es a toda prueba, mas lo que sí resulta hermético es tu fe en la desesperanza, y esta fe te está llevando a desechar la evidencia, a taparte los oídos frente a las noticias de gran alegría que resuenan tan fuerte que sólo los sordos podrían dejar de oírlas.
Como manera de salir de su negación, Jesús le pide a Helen que tenga un nuevo propósito para el nuevo año: “Decídete este año a no negar lo que Dios te ha dado. Resolvamos hoy [1º de enero] juntos aceptar las buenas nuevas de que ese desastre no es real y de que la realidad no es un desastre”. Él le pide que dedique el año nuevo a revertir la marea natural de su desesperanza y rechazo. Le pide que encare a los testigos del amor de Dios en su vida y que acepte su testimonio. Le pide que resuelva junto con él escuchar las alegres nuevas que han estado resonando a su alrededor, la buena nueva de que Cristo ha nacido en ella de nuevo.
Parece casi cómica la situación de Helen; sin embargo, ¿somos tan distintos de Helen? ¿No habremos experimentado algo milagroso alguna vez que dejó de hacerle mella a nuestro pesimismo? ¿Nunca logramos desechar noticias alegres? Entonces, tal vez Helen no es la única que debería dedicar el año a salirse de la desesperanza y a escuchar a los testigos angélicos que le fueron enviados. Este año tal vez nosotros deberíamos decidir que dejaremos de negar lo que nos fue dado a nosotros por Dios.
“Dedica este año a la verdad. El Espíritu Santo jamás ha dejado de resolver por ti ningún problema que hayas puesto en Sus manos, ni jamás dejará de hacerlo. Cada vez que has tratado de resolver algo por tu cuenta, has fracasado. ¿No es hora ya de que conectes todos estos hechos y te des cuenta de lo que significan? Éste es el año en que debes poner en práctica las ideas que se te han dado. Pues las ideas son fuerzas poderosísimas que deben ponerse en práctica y no dejar en desuso. Ya te han dado suficientes pruebas de su poder como para que desees depositar tu fe en ellas y no en su negación. Dedica este año a la verdad y déjala obrar en paz. Ten fe en Aquel que tiene fe en ti. Piensa en lo que realmente has visto y oído, y acéptalo. ¿Cómo puedes estar solo con semejantes testigos?” T-16.II.9:1-10.
Éste es el párrafo que sigue al que acabamos de examinar, y continúa con los mismos temas. En sus primeras frases, casi se puede escuchar que Jesús dice: “¿Podrías sacar la cabeza de la arena y mirar la evidencia frente a tus narices? ¿No es verdad que cada vez que realmente Le entregaste un problema al Espíritu Santo te lo resolvió? ¿Y no es cierto que cuando tratas de resolver las cosas a tu manera, sólo empeoran? ¿No es tiempo de atar cabos?”. El párrafo termina con los mismos temas que exploramos antes también: Piensa en lo que realmente has visto y oído, y acéptalo”.
Helen ha visto y oído cosas maravillosas, pero en realidad no se ha detenido para considerar qué es lo que significan. No ha reconocido lo que realmente implican. Simplemente significan que no está sola. Quieren decir que Dios está con ella, y que Él tiene fe en ella, a pesar de toda su resistencia.
¿No sería razonable que ella tuviese fe en Él? Lo nuevo en este párrafo es la parte del medio que comienza con “éste es el año en que debes poner en práctica las ideas que se te han dado”. Como regalo principal de Dios, Helen ha recibido las ideas del Curso. Estas ideas no son teoría vacía: ni un delirio intelectual. Al contrario, “las ideas son fuerzas poderosísimas”. Tienen el poder de obrar milagros; sin embargo, sólo lo harán si se usan. En realidad, las ha usado un poco, suficiente para probar su poder. Por lo tanto, han merecido su confianza, pero ella todavía no se las ha dado. Es más, ha puesto más confianza en su negación que en las ideas mismas.
Y así, en lugar de usar estos motores poderosos, en gran parte los deja estacionados en la cochera. Las ideas podrían llevarla a lugares que nunca antes ha visto, podrían apartarla inmediatamente del desastre que ella ha hecho, pero sólo quedan ahí sin uso. Por lo tanto, Jesús le insta a hacer de este un año en que todo eso cambia. “Éste es el año en que debes poner en práctica las ideas que se te han dado”. “Dedica este año a la verdad y déjala obrar en paz”, dice: “dedícate a las ideas del Curso en lugar de a su negación. Otórgales la confianza que se han ganado; sobre todo, úsalas, aplícalas”. ¿Qué estudiante del Curso no se identifica con Helen en este punto?
Hemos visto que las ideas funcionan una y otra vez, entonces por qué no las usamos con más frecuencia? ¿Por qué nos quedamos frente a ellas preguntándonos si usarlas en esta situación, realmente favorece a nuestros mejores intereses? ¿Por qué miramos de reojo con tanta ambivalencia -e incluso sospecha-, a la receta del perdón del Curso, cuando enfrentamos temas complicados de relación, como si el perdón nunca hubiese resultado una garantía para nosotros?
Si compartimos el problema de Helen, es lógico que supongamos que también debemos compartir la solución que le dieron. ¿Quién de nosotros no se beneficiaría de aplicar las ideas del Curso en este año? ¿Aquellas ideas que nos dejan boquiabiertos cuando las leemos, que obran milagros cuando las usamos, pero que la mayoría de las veces quedan estacionadas en la cochera? Imagínate qué sucedería con tu vida si realmente abrazaras el concepto, si realmente dedicaras este año a poner en práctica todo lo que has aprendido del Curso.
Conclusión
Ahora que hemos explorado estos tres pasajes, podemos ver que en realidad son tres partes de una sola imagen. Antes que nada es una imagen en que mantenemos a Dios a distancia en forma crónica. Él tiene reservado un lugar para nosotros en el Gran Despertar, y de veras tenemos la intención de asumirlo algún día, pero seguimos aplazando la decisión.
Él ha enviado testigos que nos hablan de Su Amor por nosotros, pero no escuchamos porque preferimos estar deprimidos. Él ha enviado sus ángeles para que nos canten las buenas nuevas del nacimiento de Cristo en nosotros, pero nosotros sólo subimos el volumen de la radio. Su Voz nos ha dado ideas que podrían despejar el desastre que hemos hecho, pero no tenemos ganas de usarlas. No digamos que no somos lo suficientemente honestos como para reconocernos en esta imagen.
Una y otra vez, la receta de Jesús es la misma: haz de este año aquel en que ya no mantendrás a Dios a distancia. La forma en que harías esto puede parecer misteriosa, y estoy seguro que la forma variaría de persona a persona, pero en esencia, es bastante sencillo. Te decides a dejar de negar lo que Él ya ha puesto frente a ti. Él te ha dado un lugar en el Gran Despertar. Tómalo. Él te ha enviado testigos de Su Amor, evidencia concreta de que Él está contigo. Reconócelos. Él te ha dado ideas, que son fuerzas poderosísimas. Úsalas.
Ésta es la misma idea básica que impulsa a los propósitos convencionales del año nuevo, naturalmente. Hay algo que sabemos que deberíamos estar haciendo, simplemente no logramos ponerlo en práctica. Pero el año nuevo nos da una oportunidad de comenzar de nuevo, y por lo tanto decidimos que este año finalmente haremos de tripas corazón y lo haremos.
Finalmente nos quitaremos esos cinco kilos. Finalmente haremos ejercicio. Finalmente dejaremos de fumar. Jesús está haciendo uso de esta misma idea, sólo que lo lleva mucho más allá. Él no está hablando de pequeños detalles como dar largas a cuestiones de salud. Está hablando de la falta de decisión más grande de todas: la de dejar de mantener a Dios a distancia. Entonces, a medida que se acerca el fin de año, preguntémonos, “¿Cómo mantengo a Dios a distancia? ¿Cómo postergo a Dios? ¿De qué manera se ha anunciado en mi vida y yo no lo he reconocido ni hecho uso de ello?” .
Seguramente ayudará que nos tomemos un momento, cerremos los ojos, y le hagamos estas preguntas a Dios, y escuchemos la respuesta. Una vez que has hecho esto, tal vez tengas la fuerza para tomar el próximo paso y trazar un propósito con Jesús. Él le dijo a Helen; “Resolvamos hoy juntos”, entonces, ¿por qué no aprovechamos su ofrecimiento? Si lo haces, tal vez tengas éxito haciendo que este año sea realmente diferente, distinto de todo lo que ha sucedido antes.