"Te defiendes de tu verdadera identidad,
y te avergüenzas de ella.
Prefieres tus máscaras,
y éstas te parecen más hermosas que tú.
Por eso eres vulnerable.
Por eso eres volátil.
Piensa, pequeña figura de barro, piensa.
¿Vas a inventar otra máscara más hermosa
usando retales de la verdad que has encontrado?
¿Vas a construir un palacio del espíritu
para adornar tus vísceras escondidas?
¿Quién es ese yo que desea un cambio?
Sólo si fueras capaz de pararte
y por un instante convertirte en lo que temes ser, pero eres,
abandonarías esas caretas muertas,
dejarías de intentar resucitarlas,
morirías a tu temor al juicio que otras máscaras te regalan, devolviéndote así lo que habíais pactado intercambiar: nada,
y tu belleza sería tu descubrimiento:
la belleza de la autoriadad que yo te he concedido.
Y todas tus construcciones llevarían el sello de mi bendición.
Calla y camina mirando tus temores.
Todos los tesoros están en ellos escondidos.
Si los encuentras, ¿quién podrá someterte a prueba?
¿y quién podrá juzgarte?.
¿Acaso una máscara puede reirse de la verdad?
¿Qué es lo que temes?
¿No son tus propias máscaras las que te condenan constantemente, y no son ellas las que congregan a tu alrededor a otras máscaras testigos de tu error?
Muere de una vez, quema tu disfraz,
mastica el dolor que guardas con tanto apego en los viejos fardos de tu memoria ancestral, y muere.
Arráncate el cuerpo y pregúntate quién eres sin que él pueda responder con ningún conocimiento aprendido.
Muere y deja de intentar resucitar lo que está inerte y seco.
Entonces, sólo entonces, vivirás.
Y entonces, sólo entonces,
la revolución pacífica te conducirá de vuelta a casa, y yo pondré mi morada en todos tus palacios".
volver a artículos