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aaaaaartículos - “la fiesta del ego”
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Publicado en www.uncursodemilagros.com.es por "soyunmilagroenciernes"

 

Dentro de unos días es Navidad.

El nuevo enfoque de pensamiento que constituye Un Curso de Milagros, me permite ver estas fiestas como una inmensa manifestación del poder del ego.

En sus orígenes y por supuesto muchos milenios antes del nacimiento de Jesucristo, la fiesta del solsticio de invierno tuvo su origen pagano en la observación de los fenómenos naturales.

Tras mucho tiempo de observación y de temor hacia un tiempo y una duración de los días y de las noches como incierto, llega un momento en que el ser humano es capaz de predecir que el giro del tiempo es cíclico. Pronto se llega a la conclusión de que los días acortan, pero que a partir de uno determinado, comenzarán a alargarse, y con ese fenómeno el sol incidirá más directo sobre la tierra y a partir de ahí, el tiempo se calentará y con ello facilitará la abundancia de cosechas y el nacimiento de nuevos animales con la llegada de la primavera y el verano.

Con la fiesta del solsticio de invierno, los primeros hombres celebran pues el triunfo de la luz de los días cada vez más largos, sobre la oscuridad de las noches cada vez más cortas.

Para eso, nuestros ancestros fueron acumulando cosechas y reservas en forma de víveres para pasar los crudos otoño e invierno que, llegado el punto más oscuro y vencido éste, ya podían consumirse alegremente en una fiesta de abundancia basada en un mundo de escasez.

¿Empezamos ya a ver la arquitectura del ego, cómo influye desde tiempos milenarios?

Un mundo de oscuridad, de escasez, de limitación. Unos cuerpos con frío, con miedo al hambre y con las limitaciones de un tiempo que dicta sus leyes en forma de cosechas tan escasas como abundantes pero siempre inciertas.

 

 

Y en esto que llegó Jesucristo y la historia quiso que el alumbramiento de su cuerpo se datara cerca del solsticio de Invierno con toda la simbología que ello tiene.

En efecto, quizás el símbolo más potente del nacimiento que para mí es el de la estrella que anuncia el natalicio, la luz que ilumina el camino, es rápidamente absorbido por otra simbología que como hemos visto es mucho más antigua, mucho más telúrica y por lo tanto mucho más fácil de dominar por el sistema de pensamiento del ego que con esto va a dejarnos más “tranquilos”.

Voy a permitirme la licencia de saltar dos mil años en el tiempo y voy a intentar reflexionar sobre las grandes ideas sobre las que hoy (y me atrevería a decir que siempre) han girado sobre la Navidad.

La Comida: La Nochebuena, la Navidad, la Nochevieja, el Año nuevo, el Roscón, los Reyes, todos estos días tenemos una excusa para comer y beber sin mesura, sin control, con la alegría de poder hacerlo de manera bacanal. Y en medio un sinfín de pretextos para poder prolongar las pitanzas (comidas y cenas de empresas, reuniones de amigos y familia para celebrar estos días tan “entrañables” (entraña = tripa).

¿Hemos de recordar que la adoración a la comida no es más que la manifestación de nuestras limitaciones como cuerpo? El ego nos entierra entre montañas de alimentos y ríos de bebida para recordarnos que nuestro cuerpo puede estar tranquilo, estas fiestas y su protagonismo se encargan de que nada le falte. Luego llegará la culpabilidad en forma de kilos de más y de enfermedades generadas por esa falsa abundancia.

La Familia: otra manifestación egopática. Si somos capaces de amar sobre todo a los nuestros, a nuestra familia directa, a aquella a la que apenas vemos el resto del año, a aquellos que vuelven a casa por Navidad, ¿a quién sino íbamos a amar mejor y con más razón? ¿Qué momento mejor para hacerlo que éste?

Volvemos al reino de la escasez: Si “amamos” ahora de manera especial, es que tenemos autorización para dejar de hacerlo el resto del tiempo. Si amo a mi familia y amigos ¿qué me importan el resto de hermanos? Si limpio mi conciencia con alguna limosna o buena acción por Navidad, habré ganado el jubileo para el resto del año, y como soy esclavo del tiempo, el año que viene volverá a girar la rueda, y así hasta el fin de mis días.

 

 

La alegría y los buenos propósitos: Si tengo un momento para la alegría, es que mi mundo lo rodea la oscuridad, y en la alegría tengo una pequeña luz. Si me hago una lista de buenos propósitos para recordar, es que mi mente estará ocupada el resto del tiempo recordándome todo lo contrario para poder convertir esos objetivos en algo inalcanzable.

La tristeza y el anhelo de unas navidades pasadas, siempre mejores y sobre todo, aquel mantra que, cuando nos falta la presencia física de algún ser querido, acuñamos sin piedad : “Desde que no está fulanito con nosotros, las navidades ya no son lo mismo”. Y es que ¿quién no se siente solo cuando no tiene determinado cuerpo a su lado?. Con las navidades establecemos el especialismo del que ya no está con nosotros, y así preparamos el nuestro propio para cuando nuestra presencia ya no sea posible.

Los regalos y la metáfora de los Reyes Magos/Papa Noel : en esta fiesta de la abundancia y el anhelo físico, no podían faltar las manifestaciones materiales de la existencia de aquéllo que es limitado y finito. Todo aquéllo que nos hace soñar desde niños y que de repente, como la más cruel de las metáforas, el ego se encarga de manifestarnos a la edad adecuada: “Los Reyes son los Padres. Tus regalos salen de su dinero tan escaso y que tanta falta les hace. Cuanto más importante es el regalo, tanto más esfuerzo y sacrificio hicieron tus padres para poder comprártelo y tanto más pobres son ahora. Bienvenido al mundo. Ya eres adulto y ahora podrás participar de esta misma farsa que te hará poderoso y mágico frente a los que no tienen conocimiento”.

Podría seguir con otros símbolos de segundo nivel, pero a estas alturas, con simplemente enunciarlos, ya sabéis de sobra por dónde van los argumentos: la lotería, el consumismo, la publicidad, las luces de colores, los perfumes, la masacre de pavos y abetos...


Me quedaría por contar cómo se podría vivir la Navidad desde la perspectiva de un Maestro de Dios, pero a la altura en que está mi conocimiento, sólo puedo percibir lo que me rodea y tomar conciencia de ello, y eso es, simplemente, lo que he querido reflejar. Cuando sea un maestro, os contaré el resto.

Un abrazo para todos y Feliz Navidad con conciencia.

"Buscar mi camino es una tarea que me llevará toda la vida. En eso también consiste la paz de Dios".

 

 


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