–¿Qué novedades aporta la segunda edición del libro en relación a la primera?
–Pocas cosas en relación a la mafia, que es más mafia que nunca. Cada vez es más obvio; incluso para quienes antes no veían nada. Pero yo sí que he evolucionado durante este tiempo. Mi manera de ver la mafia ha cambiado. Cuando yo escribí el libro la mafia era algo que yo lamentaba mucho. Ahora la veo más como una bendición. En el contexto de la evolución de la conciencia de la humanidad, la mafia médica, como todas las demás, son necesarias para hacer evolucionar la especie humana.
–¿De qué manera?
–La mafia médica es una trama politico-económica que está al servicio de los intereses de la industria farmacéutica.
Asusta a la gente para que cada vez enferme más. ¿Por qué la gente acude a este sistema? Porque creen aún en los dioses que son los médicos y otros expertos; creen en autoridades exteriores, en vez de darse cuenta de que la realidad suprema está dentro de uno mismo. Es necesario que se vea que el sistema médico no cura para que las personas dejen de acudir a él. Peor van las cosas, más podremos evolucionar como conciencia.
–¿Qué otro punto destacaría como crucial?
–La solución, que ya planteaba en la primera edición, continúa siendo válida, y es que yo tome conciencia de que soy soberano, la autoridad suprema del sistema. El alma del sistema es el enfermo. Sin alma no hay cuerpo. Como enfermo creo el sistema médico a mi imagen y semejanza. Así como doy prioridad a mi cuerpo sobre mi alma, a mi tener sobre mi ser, el sistema médico es exactamente lo mismo: da prioridad a todo el cuerpo médico, que es la organización, sobre el alma, que es el enfermo. Frente a esto, cuanto más crezca mi conciencia más va a manifestarlo mi cuerpo, que gozará de buena salud.
–¿Recomienda la medicina natural?
–Lo primero es dejar de ir al médico movido por el miedo. Tengo que ser consciente de este miedo. Para mí no mí hay buena o mala medicina; sólo hay orden y desorden. El orden es, cuando estoy enferma, cuidar mi alma, porque es allí donde todo pasa. El segundo paso sería dirigirme a medicinas naturales. No me van a sanar, pero sí que me traerán confort. Y en último lugar, si no hay otra opción, si siento que es correcto hacerlo, voy al médico. Lo habitual es que esté ocurriendo al revés: primero voy al médico; cuando el médico me dice que me vaya a casa a morir pruebo las medicinas naturales; y justo antes de morir es cuando me preocupo por mi alma. Desorden es empezar por lo exterior y acabar por lo interior; orden es al revés.
–Parece ser que se están retirando muchos remedios naturales del mercado. ¿Se está produciendo un ataque de destrucción masiva contra la medicina natural?
–La industria ataca cualquier forma de competencia. La medicina natural es una competencia a los medicamentos sintéticos, y entonces hay que hacerle la guerra.
Una gran guerra que está teniendo lugar se llama Codex Alimentarius. Las exigencias tan grandes que se ponen a los fabricantes de remedios hacen que todos los pequeños fabricantes de remedios naturales morirán.
Y las multinacionales van a asumir toda la industria de estos remedios, que van a ser modificados o bien van a desaparecer.
–¿Qué se puede hacer?
–Alegrarse. Porque incluso esto es una prueba de que el sistema no está al servicio de los enfermos, sino del dinero. Y así es como recupero mi poder creador: produciendo y comerciando
localmente con las hierbas, la ropa, los alimentos, las herramientas… y creando mi propia moneda. Donde yo vivo, en Canadá, tenemos una moneda local, que se usa en una superficie de unos 100 km2. Hay muchos lugares donde se usan monedas locales.
–Se dice que la mafia está creando virus, enfermedades, para mantenernos dependientes. ¿Esto es tan así, o las nuevas enfermedades son más bien el fruto de la polución ambiental?
–Ocurre ambas cosas. La mafia lo contamina todo. Infórmese en Internet sobre el proyecto HAARP. También están los chemtrails: casi todos los aviones de grandes líneas mientras vuelan están echando, de modo oculto, mezclas de productos que son sales de bario, metales, virus, etc. en superficies inmensas, que contaminan a las poblaciones, que pasan a padecer bronquitis y otros males. Esto está probado, documentado y analizado. Además, se están produciendo vacunas para llevar a cabo genocidios programados. Las vacunas debilitan el sistema inmunitario. Así vemos por ejemplo que el SIDA no existe; es un síndrome de deficiencia inmunitaria, provocado en buena medida por las vacunas. La pobreza, la guerra, el miedo y la desnutrición acaban de debilitar el organismo; por eso las enfermedades causan estragos en África. Las vacunas también se ceban en los niños, de modo que tenemos niños que padecen enfermedades propias de personas mayores: asma, diabetes, cáncer…
Se calcula que a los 6 años, antes de entrar en Primaria, han recibido 30 inyecciones distintas de vacunas. ¿Cómo puede un sistema inmaduro aguantar todo esto? El tema de las vacunas es el que más he desarrollado, y es por el que me llevó a juicio el Consejo del Orden Médico de Canadá. Uno puede hablar mal de muchas cosas, pero no de las vacunas. Porque constituyen la forma de mantener controlada a la población.
–De modo que usted fue llevada a juicio y le impidieron ejercer…
–Todo el mundo sabía, antes de empezar el juicio, cómo iba a acabar. No fue un juicio imparcial, sino un procedimiento para echarme. Por otra parte, la prensa se ocupó mucho de mi libro durante tres meses. Luego se hizo el silencio absoluto. Se dieron cuenta de que si me dejaban seguir hablando era muy peligroso para el sistema. Pero no recibí nunca amenazas. Creo que es porque no entré en un estado de guerra con el sistema. Simplemente estaba diciendo lo que es; estaba informando.
–Hace poco salía la noticia de que los médicos denunciaban que las farmacéuticas inventan enfermedades para vender más fármacos. ¿Cómo lo valora?
–Los médicos empiezan a darse cuenta de la situación, y cada vez tienen más coraje para denunciarlo, pues se sienten impactados por lo que está ocurriendo. Forma parte del mismo proceso de evolución general hacia la toma de conciencia.
–Puesto que estamos en una evolución, ¿qué paradigma médico cree que podemos esperar dentro de diez años.
–Es muy difícil para mí poner años. Como humanidad llegamos a un callejón sin salida; nada va a poder seguir igual. No sólo el sistema médico; ya se han visto algunos sistemas que experimentan sacudidas importantes: la religión, la familia… El sistema médico va a derrumbarse, pero probablemente el sistema económico, que actualmente se está sosteniendo por un hilo, se va a derrumbar antes. Cuando la gente se dé cuenta de que el sistema médico es dañino va a dejarlo. La gripe aviar ha contribuido a ello: ¿sabe cuántos muertos ha producido la gripe aviar en los últimos nueve años? 152. Si contamos la gente que muere en los hospitales por errores médicos, hay 10.000 al año ¡sólo en Canadá!.
Los gobiernos están gastando millones de dólares para evitar una pandemia que no existe y que no existirá nunca (excepto si la provocan). Hay gente que se asusta mucho, y otra que empieza a preguntarse qué está pasando. El resultado es la pérdida de confianza en las autoridades. Probablemente dentro de diez años la medicina ya no será tal como la conocemos.
–¿El miedo es pues el principal factor de control?
–Exactamente; es la clave que permite sostenerse a las mafias. Mientras tienes al individuo en el miedo, puedes hacer con él lo que quieras.
–¿Cómo puedo salir del círculo vicioso al que el miedo me encadena?
–Tengo que tomar conciencia como individuo de mi soberanía, de que soy la autoridad suprema. La autoridad suprema, que llamamos Dios, siempre la hemos concebido fuera. Y ¿qué es Dios? El espíritu creador de todo, que está dentro de todo. Pero como que el ser humano se define como la criatura creada por un poder creador que está fuera, entonces tiene miedo.
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