La voz interior
Por Patricia Besada, publicado en el Boletín nº 101 de "Milagros en Red"
Si hay una línea en el Curso que no he descubierto sino hasta hace muy poco es ésta: «Su Voz te guiará muy concretamente». (T-1.I.4.2)
Esta línea es el Principio 4 de milagros, y confieso que fue una sorpresa descubrir que ya desde el mismísimo principio, el Curso se refiere a la Voz del Espíritu en nosotros que nos dirá todo lo que necesitemos saber.
Y tal cual señala el Dr. Wapnick, pensar que la voz interior es una evidente referencia al Espíritu es sólo la mitad de la verdad: en nosotros moran dos voces. Por lo tanto, el trabajo interior que estamos llamados a honrar a fin de escuchar sólo la Voz del Espíritu implica que primero debemos aceptar que escuchamos y observamos la voz del ego.
Sin excepción, todos hemos escuchado a nuestra voz interior. Con todo, el error consiste en pensar que al ser una voz, debe ser la del Espíritu Santo. Pues no. Las voces son dos.
La única libertad que aún nos queda en este mundo es la libertad de elegir, y la elección es siempre entre dos alternativas o dos voces. (C-1.7.1)
Desde este lugar entonces, canalizar (moderno término acuñado para representar que estamos escuchando una voz interior) es algo simple, natural y espontáneo. Todos “canalizamos” todo el tiempo. Bien será la voz del ego, bien la del Espíritu Santo. Y esto no interrumpe para nada nuestras actividades normales.
Pero es fundamental recordar que si bien el Curso en la Lección 160 nos enseña que “la Voz de Dios nos habla durante todo el día”, ¡esto no significa que la escuchemos!
Todo lo que decimos, pensamos o hacemos es manifestación de esa voz. Y, parafraseando una línea del Curso, el concepto de nosotros mismos depende enteramente de la voz que elijamos escuchar y de los panoramas que elijamos ver. Como enfatiza el Dr. Wapnick, “todos escuchamos una voz interior porque no hay una exterior”.
Un Curso de Milagros nos recuerda que «Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él». (T-16.IV.6.1)
Si examinamos esta línea desde la mirada del Principio 4, podemos decir con toda certeza que nuestra tarea no es ir en busca de la Voz del Espíritu sino simplemente buscar y encontrar la otra voz que hemos elegido escuchar, esa otra voz que representa la barrera que hemos construido entre nosotros y el amor.
«Ésta es la llave que abre las puertas del Cielo y te permite entrar a la paz de Dios y a Su eternidad». (L-pI.110.11.7)
En mi experiencia, el Libro de Ejercicios tiene un propósito complementario al que todos ya conocemos. Su objetivo es acompañarnos en el proceso de entender cuánto anhelamos escuchar la Voz que habla por Dios y, en la medida que aceptemos esa llamada ancestral, en esa misma medida se aproximará a nosotros. «La Voz del Espíritu Santo es tan potente como la buena voluntad que tengas de escucharla». (T-8.VIII.8.7)
Entonces, si anhelamos esa Voz, si nos sentimos llamados a transformar nuestras vidas para que sean manifestación y extensión de la paz y sabiduría del Amor, esto significa que hemos dejado de aceptar la comunicación estridente y áspera del ego. Hemos dejado – al menos durante un instante - de identificarnos con él.
El problema, sin embargo, sigue siendo el hábito adquirido de escuchar a la otra voz. Si pensamos que el problema es otro, hagamos la siguiente prueba. Parémonos durante un minuto frente a un espejo y examinemos nuestros pensamientos. Si al vernos brota una idea fugaz, huidiza, esquiva– que representa algún tipo de juicio acerca de nosotros, es prueba suficiente que escuchamos una voz errónea… ¡sólo por el simple hecho de vernos como cuerpos! ¿Qué voz puede afirmar que soy un cuerpo? ¿Qué voz me trajo hasta aquí? Ciertamente no la del Espíritu Santo, ya que Él sabe que «Soy el santo hogar de Dios Mismo» (L-pII.Preg14.1.4)
Un Curso de Milagros explica que la función el Espíritu Santo es la de corregir. ¿Corregir qué? Nuestra decisión equivocada a favor del ego. ¿Y cómo se aplica esto en nuestra vida cotidiana? En cada momento, en cada ocasión pedirle a la Voz que habla por la Verdad que nos ayude a trascender las ilusiones de forma tal que seamos la manifestación del Espíritu Santo en esta tierra.
En la sección Clarificación de Términos, leemos que «Jesús es la manifestación del Espíritu Santo». (C-.6.1.1) ¡Y todos estamos llamados a ser Su manifestación!
En otras palabras, al practicar y así aprender este Curso, crecemos en el entendimiento y experiencia del perdón. Esto a su vez permite que nuestra identificación con la culpa descienda lenta pero infaliblemente.
Estamos aprendiendo. Estamos aprendiendo a hacer a un lado los estridentes gritos e insensatos arranques de furia del ego mientras que al mismo tiempo la apacible y queda Voz que habla en favor de Dios se escucha con claridad y pureza