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Podemos sanarnos y compartir nuestra sanación

Publicado en “Boletín Mensual de Milagros en Red” (nº 90, Octubre 2009), por Patricia Besada de www.milagrosenred.org, traducido del texto original en inglés de Georgina Arteaga Carlebach.

Sanar significa corregir la percepción mental errónea de que estamos enfermos. Implica remover los obstáculos mentales que impiden sentirnos en paz. Consiste en descubrir qué valor asignamos a actitudes como: guardar rencor, enjuiciar y culpar a los que nos rodean, atacar, criticar y enjuiciarnos a nosotros mismos, en una palabra, vivir en desamor.

Sanarse es unir, no separar, conduce a la libertad en lugar de a la opresión, es elegir la paz en lugar del conflicto y el amor en lugar del sufrimiento. Es un proceso en el que uno se libera del miedo y la culpa, aceptando con convicción que la esencia de nuestro ser es el amor, que nuestra verdadera identidad es espiritual, que todo es posible a través del perdón y que este último es lo más cercano al amor que podemos experimentar.

Kenneth Wapnick, en el apartado del glosario de su libro Un Curso de Milagros: Una Introducción Básica, sobre sanación: es la corrección en la mente sobre la creencia en la enfermedad que hace que la separación y el cuerpo parezcan reales. La sanación está basada en la creencia de que nuestra verdadera identidad es el espíritu, no el cuerpo, así la enfermedad de cualquier tipo tiene que ser ilusoria, puesto que sólo un cuerpo o un ego puede sufrir.

La sanación refleja el principio de que no hay grados de dificultad en los milagros, sino que es el resultado de la unión con otro en el perdón, que cambia la percepción de cuerpos separados -fuente de toda enfermedad- por nuestro propósito compartido de sanación en este mundo.

Participamos en nuestro propio proceso curativo cuando tomamos la decisión de observar a las personas, las circunstancias y los eventos que rodean nuestra vida en forma diferente, con una visión responsable y, desde ahí, llevar a cabo un trabajo interno.

En este proceso la meta es traer la armonía y la paz a nuestra mente que es la que requiere ser sanada, ya que al cuerpo sólo lo enferma la mente, y el espíritu no lo requiere porque éste nunca lo ha estado.

Se refiere también estar al servicio de otros como una extensión de nuestra propia sanación y de nuestro estado de conciencia de libertad, en donde nada es aprendido en aislamiento, y todo es enseñado por el Espíritu Santo, nuestro mejor y más asertivo Maestro que nos dice que el perdón es la herramienta de liberación del sufrimiento.

Cuando aceptamos el compromiso de sanarnos, podemos notar cambios en los pensamientos que expresamos a través de diversas actitudes en nuestra comunicación, y esto es debido a que se modificó nuestro proceso mental. Con el compromiso generamos una energía en nuestra mente que moviliza el rompimiento y liberación de antiguas creencias, de arquetipos y patrones de conducta enfermos que generan energías discordantes, produciéndose la fuerza necesaria para asumir la responsabilidad y el liderazgo para liberar las falsas percepciones provenientes del pasado.

Reconocer nuestras etapas de esfuerzo y crecimiento es muy importante para la salud de nuestra mente, porque al hacerlo le damos la bienvenida al desarrollo y nutrición de ella, y esta etapa se convierte en un maestro para nosotros, mostrándonos los procesos y patrones individuales de nuestra curación.

Cada etapa, no importa que tan grande o pequeña la sintamos, debe ser reconocida mental y verbalmente, y esto podemos hacerlo ante un espejo repetidas veces, o podemos comentarlo con personas de nuestra confianza o que están con nosotros en el camino de crecimiento y evolución de conciencia.

Este proceso no es lineal en el tiempo, es más bien una espiral dentro de nuestra mente, la que se mueve y se expande con cada afirmación de curación, la que una vez instalada en nuestra mente estamos listos para empezar a compartirla con nuestro hermano, que también ha estado buscando ayuda, que desea sanarse y convertirse en un ser consciente, y quien se convierte a la vez en un maestro sanador para nosotros, cerrándose así el círculo de la Redención y la unión con la Filiación.

Un hermano que busca ayuda puede traemos regalos más allá de las alturas percibidas en sueño alguno. Nos ofrece la salvación, pues viene a nosotros como Cristo y Salvador. Lo que él pide lo está pidiendo Dios a través de él. Y lo que hacemos por él se convierte en el regalo que le damos a Dios.

El sagrado pedido de ayuda del Hijo de Dios, en su percibido infortunio, su Padre no puede sino contestarlo. Pero Él necesita una voz a través de la cual hablar Su sagrada Palabra; una mano con la cual pueda alcanzar a Su Hijo y tocar su corazón. En un proceso como ese, ¿quién podría no sanarse?

Esta interacción sagrada es el plan de Dios Mismo, por medio del cual Su Hijo es salvado. P-2.V.5. Una vez logrados los primeros pasos en este proceso curativo, estamos listos ahora para compartir éste, para aceptar lo que representa ser vehículo de sanación, el que sabe que no tiene poderes ni talentos especiales que su hermano no tiene, sino que acepta que sólo extiende el Amor de Dios a través de él.

Quien puede ver que lo que su hermano no ha sanado (no se ha perdonado) es lo mismo que lo que él no ha sanado tampoco, y que ambos tienen la misma oportunidad de lograrlo, que puede aceptar que ambos tienen un problema en la mente que es un miedo oculto a Dios. Aquí acepta que ninguno de los dos es una víctima de las circunstancias, y que ambos sólo requieren aceptar el Amor de Dios, la paz que Él proporciona, mismo que nadie puede quitárselo, como tampoco puede serles negada.

Decidir sanarse conlleva la decisión firme de debilitar al ego, dejando de escuchar sus mensajes aturdidores que nos dicen que para sentirnos sanos debemos compararnos con nuestro hermano para ver que estamos mejor que él, que él es quien necesita ser sanado, que está equivocado y que nosotros tenemos la razón (sanador no sanado), que él está enfermo y no tiene la fuerza ni los recursos para curarse, que no tiene nada que enseñarnos.

Este mensaje erróneo del ego nos aleja de poder ver en nuestro interior, y observar que la misma fuerza que nosotros tenemos para salir de la oscuridad la tiene él, que si nosotros podemos salir a la luz del amor, él también puede.

Cuando aceptamos esto último estamos abriendo la puerta para recibir las enseñanzas que él nos aporta, porque podemos vernos en el espejo que él representa. Para el ego lo caritativo, lo correcto y lo apropiado es señalarles a otros sus errores y tratar de "corregirlos". Esto tiene perfecto sentido para él porque no tiene idea de lo que son los errores ni de lo que es la corrección. Los errores pertenecen al ámbito del ego, y la corrección de los mismos estriba en el rechazo del ego.

Cuando corriges a un hermano le estás diciendo que está equivocado. Puede que en ese momento lo que esté diciendo no tenga sentido, y es indudable que si está hablando desde su ego no lo tiene. Tu tarea, sin embargo, sigue siendo decirle que tiene razón. No tienes que decírselo verbalmente si está diciendo tonterías. Necesita corrección en otro nivel porque su error se encuentra en otro nivel. Sigue teniendo razón porque es un Hijo de Dios. Su ego, por otra parte, está siempre equivocado, no importa lo que diga o lo que haga. T.9.III.2

Cuando compartimos la visión de Jesús, nuestro mejor terapeuta, compartimos las herramientas que él nos da, y esa luz que con sus enseñanzas se graba en nuestra mente nos convierte en maestro-alumno, en el sanador sanado.

En este proceso requerimos aceptar que no elegimos quiénes se sanarán con nosotros, esto lo decide La Voz de Dios, Quien nos trae a las personas a quienes extenderemos la luz en la que caminamos. Una vez que Él hace la elección, estamos listos para compartir que la verdadera sanación se presenta cuando se acepta que en el pasado se hacen elecciones erróneas y que el presente permite tomar nuevas decisiones, en las que el perdón es el sustento que nos ofrece caminar más en armonía, sintiéndonos felices y en paz.

Nos convertimos así en el vehículo que entrega a su hermano las herramientas que nos sirvieron para salir del sueño de pesadilla y entrar al sueño feliz, quien ha recibido y comparte el milagro que conduce al Cielo en el que Dios mora con su Hijo perfecto y eterno.

Tal vez sea una ayuda para alguien el que se le indique hacia dónde se está encaminando, pero de poco le sirve si no se le ayuda además a cambiar de rumbo…

La única aportación significativa que el sanador puede hacer, es presentarle un ejemplo de alguien a quien se le cambió de rumbo y que ya no cree en pesadillas de ninguna clase…

Y mediante este reconocimiento el sanador sabe que la luz está ahí…

El obrador de milagros comienza percibiendo luz, y transforma su percepción en certeza al extender continuamente la luz y al aceptar el reconocimiento que ésta le ofrece…

El Espíritu Santo es el único Terapeuta. Él hace que la curación sea evidente en cualquier situación en la que Él es el Guía. Lo único que puedes hacer es dejar que Él desempeñe Su función. Él no necesita ayuda para llevarla a cabo.

Te dirá exactamente lo que tienes que hacer para ayudar a todo aquel que Él te envíe en busca de ayuda, y le hablará a través de ti si tú no interfieres…

Confía en Él, pues ayudar es Su función, y Él es de Dios. A medida que despiertes otras mentes al Espíritu Santo a través de Él, y no a través de ti, te darás cuenta de que no estás obedeciendo las leyes de este mundo. T.9.V.7:2,4,6,8; 8:4 -8,11-12

Sanarnos nos permite regresar al estado original en que el Padre nos Creó: eternos, perfectos, santos, inmutables, en completo estado de abundancia. Reconocerlo nos da la gracia para unirnos a la Voluntad de Dios, para compartir Su Pensamiento y los regalos que hemos recibido, sintiendo que nuestra única expresión es la de gratitud y amor por la vida que caminamos, comprendiendo que se pueden presentar nuevos problemas pero que podemos resolverlos, sabedores de que no existe ningún lugar en el que Dios no esté presente, que somos Su Hijo bienamado al que nunca suelta de la Palma de Su Mano.

¡Cuán santos son los que se han sanado! Pues en su visión sus hermanos comparten su sanación y su amor. Portadores de paz, -la voz del Espíritu Santo, a través de los cuales Él habla por Dios, Cuya Voz Él es,- tales son los sanadores de Dios.

Ellos sólo hablan por Él y nunca por ellos mismos. No tienen más regalos que los que reciben de Dios. Y estos los comparten porque saben que esta es Su Voluntad. No son especiales. Son santos. Han optado por la santidad, y han desistido de todos los sueños separados de atributos especiales que les permiten otorgar regalos desiguales a los menos afortunados. Su sanación ha restaurado su totalidad así que pueden perdonar, y unirse al canto de oración en el cual los que se han sanado cantan su unión y agradecimiento a Dios. P-3. IV.

 


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