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aaaaterapias alternativas - el canto de oración (anexo a UCDM)
Terapias alternativas
 

La sanación

 

La oración tiene tantos ayudantes como testigos que hacen más suave y seguro el empinado ascenso, al aliviar el dolor del miedo y ofrecer consuelo y promesas de esperanza. Testigo del perdón y ayudante de la oración, dadora de seguridad de éxito en el logro final de la meta es la sanación. Su importancia no debe enfatizarse demasiado, pues la sanación es una señal o símbolo de la fuerza del perdón, y tan sólo un efecto o sombra del cambio de pensamiento con respecto a la meta de la oración.

a)- La causa de la enfermedad

1. No confundas el efecto con la causa, ni pienses que la enfermedad está aparte y separada de lo que debe ser su causa. Es una señal, una sombra de un pensamiento maligno que parece tener realidad y ser justo, de acuerdo con la costumbre del mundo. Es la prueba externa de “pecados” internos, y da testimonio de pensamientos carentes de perdón que hieren y pretenden hacerle daño al Hijo de Dios. Sanar el cuerpo es imposible, y esto resulta demostrado por la breve naturaleza de la “cura”. El cuerpo de todas maneras debe morir, y de esta forma lo único que hace su sanación es demorar su retorno al polvo, de donde nació y al que volverá.

2. La causa del cuerpo es la falta de perdón del Hijo de Dios. No ha abandonado su fuente, y esto está demostrado claramente por su dolor y envejecimiento y por la marca de la muerte que lleva encima. Atemorizado y frágil les parece a los que piensan que su vida está atada a su mandato y ligada a su inestable y diminuto aliento. La muerte los mira fijamente mientras cada momento se escapa irrevocablemente de sus avariciosas manos, las cuales no lo pueden retener. Y sienten miedo cuando los cuerpos cambian y se enferman. Pues sienten el pesado olor de la muerte sobre sus corazones.

3. El cuerpo se puede sanar como efecto del verdadero perdón. Sólo eso puede brindar recuerdo de inmortalidad, la cual es el regalo de la santidad y del amor. El perdón tiene que ser concebido por una mente que entienda que debe pasar por alto todas las sombras de la faz de Cristo, ante las cuales debe considerarse la enfermedad. Nada más que eso: la señal del juicio hecho de hermano a hermano, y del Hijo de Dios sobre sí mismo. Pues ha condenado su cuerpo a ser su prisión, y olvidó que fue él quien le adjudicó semejante papel.

4.  Lo que ha hecho debe deshacerlo ahora el Hijo de Dios. Pero no solo. Pues se le ha dotado de la llave de la prisión: su santa impecabilidad y el recuerdo del Amor de su Padre.  Pero se le brinda ayuda por medio de la Voz que su Padre puso en él. El poder de sanar es ahora el regalo de su Padre, pues a través de Su Voz Él puede llegar todavía a Su Hijo, y recordarle que el cuerpo puede convertirse en una morada elegida, pero en verdad nunca será su hogar.

5.  Debe distinguirse, pues, entre la verdadera sanación y su defectuosa contraparte. El mundo de los opuestos es el lugar de la sanación, pues ¿qué podría necesitar sanación en el  Cielo?. Tal como la oración en el mundo puede pedir equivocadamente y la aparente caridad puede perdonar para matar, la sanación puede ser tanto falsa como verdadera; testigo del poder del mundo o del interminable Amor de Dios.

b)- Sanación falsa frente a sanación verdadera

1.  La falsa sanación simplemente hace un pobre intercambio de una ilusión por otra “más agradable”, un sueño de enfermedad por un sueño de salud. Esto puede ocurrir en formas inferiores de la oración,  combinadas con perdón bien intencionado pero aún no comprendido completamente. Sólo la falsa sanación puede dar paso al miedo, de tal manera que la enfermedad será libre de volver a atacar. La falsa sanación puede efectivamente eliminar una forma de dolor y enfermedad. Pero la causa permanece, y no carecerá de efectos. La causa es todavía el deseo de morir y vencer al Cristo. Y con este deseo, la muerte es una certeza, pues la oración es contestada. Pero hay una clase de supuesta muerte que procede de una fuente distinta. No proviene de pensamientos dañinos ni de una furia desenfrenada contra el universo. Simplemente significa que le ha llegado el final a la utilidad del funcionamiento del cuerpo. Y así se descarta como opción, tal como se desecha un atuendo desgastado.

2. Eso es lo que la muerte debe ser: una elección tranquila, hecha con alegría y con una sensación de paz, puesto que el cuerpo se ha usado amablemente para ayudar al Hijo de Dios en el camino que lo lleva a Dios. Agradecemos al cuerpo, entonces, por todo el servicio que nos ha prestado. Pero estamos agradecidos, además, de que ha llegado el fin de la necesidad de transitar por el mundo de los límites, y alcanzar al Cristo en formas ocultas tras las que vemos a lo sumo en amorosos destellos. Ahora podemos contemplarlo sin vendas en los ojos, en la luz que hemos aprendido a contemplar nuevamente.

3. Lo llamamos muerte, pero es libertad. No viene en formas que parecen ser dolorosamente impuestas sobre una carne renuente, sino como una amable bienvenida a la liberación. Si ha habido verdadera sanación, esta puede ser la forma en la cual la muerte llega cuando es tiempo de descansar un poco de la labor gustosamente realizada y gustosamente terminada. Ahora vamos en paz a climas más suaves y aires más libres, donde no es difícil ver que los regalos que dimos fueron guardados para nosotros. Pues Cristo es más claro ahora; Su visión más sostenida en nosotros; Su Voz, la Palabra de Dios, más ciertamente nuestra.

4.  Este suave pasaje a una oración más elevada, a un amable perdón de las maneras del mundo, sólo puede recibirse con agradecimiento. Pero primero la verdadera sanación tiene que haber llegado a bendecir la mente con amoroso perdón por los pecados con los que soñó y puso sobre el mundo. Ahora sus sueños se desvanecen en tranquilo descanso. Ahora su perdón viene a sanar al mundo y está lista para partir en paz, el viaje concluído y las lecciones aprendidas.

5. Esto no es muerte de acuerdo con el mundo, pues la muerte es cruel ante sus ojos temerosos y adopta la forma de castigo por el pecado. ¿Cómo podría entonces ser una bendición?. Y ¿cómo podría ser bienvenida si se le teme?. ¿Qué sanación ha ocurrido en tal visión de lo que es sólo la apertura del portal a una oración más elevada y a una justicia impartida con amor?. La muerte es recompensa y no castigo. Pero semejante punto de vista debe ser fomentado por la sanación que el mundo no puede concebir. No hay sanación parcial. Lo que sólo intercambia ilusiones no ha hecho nada. Lo que es falso no puede ser parcialmente cierto. si estás sanado, tu sanación es completa. El perdón es el único regalo que tú das y que quieres recibir.

6.  La sanación falsa se basa en la sanación del cuerpo, y deja la causa de la enfermedad sin cambio alguno, lista para atacar de nuevo hasta que trae una cruel muerte como aparente victoria. Se puede mantener a raya por algún tiempo, y puede haber un breve respiro mientras aguarda para tomar su venganza contra el Hijo de Dios. Pero no se puede superar hasta que toda la fe en ella se ha hecho a un lado, y depositado en el sustituto de Dios para los sueños malvados; un mundo en el cual no existe velo de pecado que lo mantenga a oscuras y desconsolado. Por fin el portal del Cielo se abre y el Hijo de Dios está libre para entrar en el Hogar que está listo para darle la bienvenida, y que fue preparado antes que el tiempo fuese y que aún únicamente lo espera.

c)- Separación frente a unión

1. La falsa sanación sana una parte del cuerpo, pero nunca su totalidad. Sus metas separadas resultan bastante claras en esto, pues no ha eliminado la maldición del pecado que yace sobre él. Por consiguiente aún engaña. Tampoco es realizada por alguien que comprende que el otro es exactamente igual que él. Pues es esto lo que hace que la verdadera sanación sea posible. Cuando es falsa, hay algún poder que otro tiene, que no ha sido otorgado a ambos por igual. Aquí se demuestra la separación. Y aquí se ha perdido el significado de la verdadera sanación, y han surgido los ídolos para opacar la unidad que es el Hijo de Dios.

2.  La sanación-para-separar puede parecer una idea extraña. Y sin embargo eso puede decirse que es toda forma de sanación basada en alguna clase de desigualdad. Estas formas pueden sanar el cuerpo, y de hecho, generalmente se limitan a ello. Alguien sabe más, se ha adiestrado mejor, o es quizás más talentoso y más sabio. Por tanto, puede dar sanación a alguien que es inferior y que está bajo su patrocinio. La sanación del cuerpo puede tener lugar así porque, en sueños, la igualdad no puede ser permanente. El sueño está hecho de modificaciones y cambios. Sanarse parece consistir en encontrar a alguien más sabio, quien, por sus artes y conocimientos, tendrá éxito.

3.  Alguien sabe más; esta es la frase mágica por medio de la cual el cuerpo parece el objeto de la sanación tal como el mundo la concibe. Y a este alguien más sabio, el otro se dirige para beneficiarse de su conocimiento y habilidad; para encontrar en él remedio a su dolor. ¿Cómo puede ser esto?. La verdadera sanación no puede provenir de la desigualdad asumida y luego aceptada como la verdad, y usada para ayudar a sanar a los heridos y calmar la mente que sufre la agonía de la duda.

4. ¿Existe, entonces, un papel para la sanación que uno pueda usar para ofrecer ayuda a otro?. Para la arrogancia la respuesta debe ser “no”. Pero en la humildad existe verdaderamente un lugar para los que ayudan. Es como el papel del que ayuda en la oración, y deja que el perdón sea lo que está destinado a ser. No te haces a ti mismo el portador del regalo especial que trae la sanación. Sólo reconoces tu unidad con aquel que pide ayuda. Pues en esta unidad desaparece su sentido de separación, y es éste el que lo enfermó. No hay sentido en dar remedio apartado de donde radica la fuente de la enfermedad, pues de esa forma nunca puede sanarse verdaderamente.

 

5. Sanadores existen, pues son los Hijos de Dios que reconocen su Fuente, y comprenden que todo lo que su Fuente crea es uno con ellos. Este es el remedio que trae el alivio que no puede fallar. Permanecerá para bendecir por toda la eternidad.  No sana una parte, sino la totalidad y para siempre. Ahora la causa de toda dolencia ha sido revelada exactamente como es. Y en ese lugar se halla escrita ahora la santa Palabra de Dios. La enfermedad y la separación deben ser sanadas por el amor y la unión. Nada más puede sanar tal como Dios estableció la sanación. Sin Él no hay sanación, pues no hay amor.

6. Sólo la Voz de Dios puede decirte cómo sanar. Escucha, y nunca dejarás de ofrecer  Su amoroso remedio a aquellos que Él te envía, para que permitan que Él los sane, y para bendecir a todos aquellos que colaboran con Él en nombre de la sanación. La sanación del cuerpo ocurrirá porque su causa se ha ido. Y ahora, sin causa alguna, no puede regresar en forma diferente. Ni se temerá tampoco a la muerte porque se la ha comprendido. No hay miedo en aquél que ha sido verdaderamente sanado, pues el amor ha entrado ahora donde solían estar los ídolos, y el miedo le ha cedido al fin el lugar a Dios.

d)- La santidad de la sanación

1. ¡Cuán santos son los que se han sanado!. Pues en su visión sus hermanos comparten su sanación y su amor. Portadores de paz –la voz del Espíritu Santo, a través de los cuales Él habla por Dios, Cuya Voz Él es-, tales son los sanadores de Dios. Ellos sólo hablan por Él y nunca por ellos mismos. No tiene más regalos que los que reciben de Dios. Y éstos los comparten porque saben que esta es Su Voluntad. No son especiales. Son santos. Han optado por la santidad, y han desistido de todos los sueños separados de atributos especiales que les permiten otorgar regalos desiguales a los menos afortunados. Su sanación ha restaurado su totalidad así que pueden perdonar, y unirse al canto de oración en el cual los que se ha nsanado cantan su unión y agradecimiento a Dios.

2.  Como testimonio del perdón, ayuda a la oración, y efecto de la misericordia verdaderamente enseñada, la sanación es una bendición. Y el mundo responde en animado coro a través de la voz de la oración. El perdón destella su misericordioso alivio sobre cada hoja de hierba y ala emplumada y todas las cosas vivientes de la tierra. El miedo no tiene refugio aquí, pues el amor ha llegado con toda su santa unidad. El tiempo permanece tan solo para permitir que el último abrazo de la oración descanse sobre la tierra un instante, mientras que el mundo desaparece en la luz. Este instante es la meta de todos los verdaderos sanadores, a quienes el Cristo ha enseñado a ver Su semejanza y a enseñar como Él.

3.  ¡Piensa en lo que significa ayudar al Cristo a sanar!. ¿Puede algo ser más santo que esto?. Dios agradece a Sus sanadores, pues Él sabe que la Causa de la sanación es Él mismo, Su Amor, Su Hijo, restituído como Su compleción y quien ha regresado a compartir con Él la santa alegría de la creación. No pidas sanación parcial, ni aceptes un ídolo en lugar del recuerdo de Aquél Cuyo Amor nunca ha cambiado ni cambiará jamás. Eres tan querido por Él como lo es la totalidad de Su creación, pues ésta radica en ti como Su regalo eterno. ¿Qué necesidad tienes tú de sueños cambiantes en un mundo triste?. No olvides la gratitud de Dios. No olvides la santa gracia de la oración. No olvides el perdón del Hijo de Dios.

 

4. Primero perdonas, luego oras y te sanas. Tu oración se ha elevado y ha invocado a Dios, Quien escucha y responde. Has comprendido que perdonas y oras tan sólo para ti mismo. Y en esta comprensión eres sanado. En la oración te has unido a tu Fuente, y has comprendido que jamás te fuiste. Este nivel no se puede alcanzar hasta que ya no quede odio en tu corazón, ni deseo de atacar al Hijo de Dios.

5. Nunca olvides esto: eres tú quien es el Hijo de Dios, y como eliges ser para él así lo eres para ti mismo, y Dios para ti. Tampoco tu juzgar dejará de llegar hasta Dios porque le darás a Él el papel que ves en Su creación. No elijas mal, o creerás que eres tú quien es el creador en Su lugar, y por tanto, que Él ya no es la Causa, sino sólo el efecto. Ahora la sanación es imposible, porque se Le culpa a Él de tu engaño y de tu culpa. Aquél que es Amor se convierte en la fuente del miedo, pues ahora sólo el miedo puede estar justificado. La venganza es Suya. Su gran destructor, la muerte. Y la angustiosa enfermedad, el sufrimiento y la pérdida se convierten en el sino de todos en la tierra, la cual Él abandonó al cuidado del demonio, y juró no liberar jamás.

6.  Vengan a Mi, Mis niños, una vez más, sin tales pensamientos retorcidos en sus corazones. Aún son santos con la Santidad Que los creó en perfecta impecabilidad, y aún los rodea con los brazos de la paz. Sueñen ahora con la sanación. Luego levántense y abandonen para siempre todo soñar. Son aquel a quien su Padre ama, quien nunca abandonó su hogar, ni vagó por un mundo salvaje con los pies sangrantes, y con Un pesado corazón endurecido contra el Amor que es la verdad en ustedes. Entreguen todos sus sueños a Cristo y permitan que sea Él su Guía hacia la sanación, y que los conduzca en la oración más allá de los lamentables alcances del mundo.

7. Él viene en Mi lugar y les habla Mi palabra. Quiero que a Mi regrese Mi cansado Hijo de sus sueños malignos al dulce abrazo de interminable Amor y perfecta paz. Mis brazos están abiertos para el Hijo que amo, quien no comprende que ha sanado, y que sus oraciones jamás han dejado de cantar su gratitud dichosa al unísono con toda la creación, en la santidad del Amor. Aquiétate un instante. Bajo los ruidos de áspera y amarga lucha y derrota, hay una Voz Que te habla de Mí. Escúchala un instante y estarás sanado. Escúchala un instante y te has salvado.

8. Ayúdame a despertar a Mis Hijos del sueño de castigo y de una corta vida acosada por el miedo, que termina tan pronto que bien podría no haber sido nunca. En su lugar, deja que Yo te recuerde la eternidad, en la cual se acrecienta tu alegría a medida que tu amor se extiende junto con el Mío más allá de lo infinito, donde tiempo y distancia no significan nada. Mientras esperas apesadumbrado la melodía del Cielo está incompleta, porque tu canto es parte de la eterna armonía del amor. Sin ti no está completa la creación. Regresa a Mi Que nunca abandoné a Mi Hijo. Escucha, Hijo Mío, tu Padre te llama. No rehúses escuchar la llamada del Amor. No le niegues a Cristo lo que es Suyo. El Cielo se halla aquí y el Cielo es tu hogar.

9. La creación se inclina a través de las barreras del tiempo para levantar del mundo la pesada carga. Eleven sus corazones para acoger su advenimiento. Miren las sombras desvanecerse en la bondad; las espinas caer suavemente de la frente sangrante de aquel que es el santo Hijo de Dios. ¡Cuán bello eres, Hijo de Santidad!. ¡Cuán parecido a Mí!. Cuán amorosamente te sostengo en Mi corazón y en Mis brazos. Cuán querido es para Mí cada regalo que Me has hecho, tú que sanaste a Mi Hijo y lo bajaste de la cruz. Levántate y deja que te dé Mis gracias. Y con Mi gratitud vendrá el regalo primero del perdón, y luego de la eterna paz.

10. Así pues, devuélveme tu santa voz ahora. El canto de oración está mudo sin ti. El universo aguarda tu liberación porque es la suya propia. Sé bondadoso con él y contigo mismo, y luego sé bondadoso Conmigo. Sólo te pido esto:  que te consueles y que no vivas más en el terror y el dolor. No abandones el Amor. Recuerda esto:  pienses lo que pienses acerca de ti mismo, pienses lo que pienses acerca del mundo, tu Padre necesita de ti y te llamará hasta que al fin regreses a Él en paz.

 

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