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aaaaterapias alternativas - psicoterapia (anexo a UCDM)
Terapias alternativas
 

La práctica de la psicoterapia

a)- La selección de pacientes

1. Todo aquel que se te envía es un paciente tuyo. Esto no significa que tú lo selecciones, ni que escojas la clase de tratamiento adecuado. Pero sí significa que nadie viene a ti por error. No hay errores en el plan de Dios. Sería un error, sin embargo, presumir que sabes lo que debe ofrecerse a todo el que viene. No te corresponde decidirlo. Hay una tendencia a asumir, que se te llama constantemente a sacrificarte por aquéllos que llegan. Ésto difícilmente podría ser cierto. Exigir que te sacrifiques, es exigir un sacrificio a Dios, y Él no sabe nada del sacrificio. ¿Quién podría pedirle a Lo Perfecto que sea imperfecto?.

2. ¿Quién decide, entonces, lo que cada hermano necesita?. Seguramente no tú, que aún no reconoces quién es aquel que pide. Hay algo en él que te lo dirá, si escuchas. Y esa es la respuesta: escucha. No exijas, no decidas, no sacrifiques. Escucha. Lo que oyes es verdad. ¿Mandaría Dios Su Hijo a ti sin estar seguro de que reconoces sus necesidades?. Piensa lo que Dios te está diciendo. Él necesita que tu voz hable por Él. ¿Podría algo ser más santo?. ¿O ser un regalo mayor para ti? ¿Preferirías escoger quién sería dios, o escuchar la Voz de Aquel que es Dios en ti?.

3. Tus pacientes no necesitan estar físicamente presentes para que les sirvas en el Nombre de Dios. Esto puede ser difícil de recordar, pero Dios no va a consentir que Sus regalos para ti se limiten a los pocos que en efecto ves. Puedes ver otros también, pues la visión no está limitada a los ojos del cuerpo. Algunos no necesitan tu presencia física. Te necesitan tanto, y tal vez más, en el instante en que se envían. Los reconocerás en la forma que pueda ser más útil para ambos. No importa cómo vengan. Serán enviados en la forma en que sea más útil: un nombre, un pensamiento, una imagen, una idea, o tal vez simplemente una sensación de estar llegando a alguien en alguna parte. La unión está en las manos del Espíritu Santo. No se puede evitar lograrla.

4. Un terapeuta santo, un maestro de Dios avanzado, nunca olvida una cosa: no fue él quien hizo el currículo de la salvación, ni quien estableció su parte en él. Entiende que su parte es necesaria para el todo, y que a través de ella reconocerá el todo cuando su parte esté completa. Entre tanto, debe aprender, y sus pacientes son el medio que se le ha enviado para su aprendizaje. ¿Qué otra cosa sino gratitud podría sentir por ellos y hacia ellos?. Traen consigo a Dios. ¿Rechazaría este regalo por un guijarro, o cerraría la puerta al salvador del mundo para dejar entrar a un fantasma?. Que no traicione al Hijo de Dios. Quien lo llama está más allá de su comprensión. ¿Pero, no se alegraría de poder responder, cuando sólo así será capaz de escuchar la llamada y entender que es la suya?.

b)- ¿Es la psicoterapia una profesión?

1. Estrictamente hablando, la respuesta es no. ¿Cómo podría considerarse separada una profesión en la que todo el mundo es copartícipe?. ¿Y cómo podría imponerse límite alguno a una interacción en la que cada uno es tanto paciente como terapeuta en toda relación en la que entra?. Sin embargo, hablando de manera práctica, puede decirse aún que hay algunos que se dedican fundamentalmente a una u otra forma de sanación como su tarea principal. Y es a ellos a los que un gran número de personas acude en busca de ayuda. Esa, en efecto, es la práctica de la terapia. Éstos son, por consiguiente, ayudantes “oficiales”. Están dedicados a cierta clase de necesidades en sus actividades profesionales, aunque pueden ser maestros mucho más capaces fuera de ellas. Estas personas no necesitan reglas especiales, por supuesto, pero pueden llamárseles a usar aplicaciones especiales de los principios generales de la sanación.

2. Primero, el terapeuta profesional se encuentra en una posición excelente para demostrar que no hay orden de dificultad en la sanación. Para ésto, sin embargo, necesita adiestramiento especial, puesto que el currículo mediante el cual se convirtió en terapeuta probablemente le enseñó poco o nada sobre los principios reales de la sanación. De hecho, probablemente le enseñó cómo hacer imposible la sanación. La mayoría de las enseñanzas del mundo siguen un currículo en el juzgar, con el objetivo de convertir al terapeuta en un juez.

3. Aún ésto puede ser usado por el Espíritu Santo, y lo usará, si se le extiende la menor invitación. El sanador no sanado puede ser arrogante, egoísta, indiferente, e incluso deshonesto. Puede no tener interés en lo que respecta a la sanación como su objetivo principal. Pero algo le sucedió, no importa cuan pequeño pudo haber sido, cuando eligió ser un sanador, sin importar la dirección equivocada que pudo haber escogido. Ese “algo” es suficiente. Tarde o temprano ese algo surgirá y crecerá: un paciente tocará su corazón, y el terapeuta silenciosamente le pedirá ayuda. Ha encontrado un terapeuta para sí mismo. Le ha pedido al Espíritu Santo que entre en la relación y que le sane. Ha aceptado la Expiación para sí mismo.

4. Se dice que Dios contempló todo lo que había creado y lo declaró bueno. No, Él lo declaró perfecto, y así fue. Y como Sus creaciones no cambian y duran para siempre, así es ahora. Pero no puede ser posible que exista un perfecto terapeuta ni un perfecto paciente. Ambos tienen que haber negado su perfección, pues su misma necesidad del otro implica un sentimiento de carencia. Una relación de uno-a-uno no es Una Relación. Sin embargo, es el medio de retorno: el camino que Dios escogió para el regreso de Su Hijo. En ese extraño sueño tiene que entrar en una extraña correción, pues sólo eso es la llamada a despertar. Y ¿qué otra cosa debe ser la psicoterapia?. Despierta y alégrate, pues todos tus pecados te han sido perdonados. Éste es el único mensaje que dos personas deben darse mútuamente para siempre.

5. Algo bueno tiene que salir de todo encuentro de un paciente y un terapeuta. Y ese algo se guarda para ambos, hasta el día en que puedan reconocer que eso era lo único real en su relación. En ese momento lo bueno se les devuelve, bendecido por el Espíritu Santo como un regalo de Su Creador como muestra de Su Amor. Pues la relación terapéutica tiene que llegar a ser como la relación entre el Padre y el Hijo. No hay otra, puesto que no existe nada más. Los terapeutas del mundo no esperan este resultado, y muchos de sus pacientes no serían capaces de aceptar su ayuda si lo esperasen. Pero ningún terapeuta realmente establece la meta de las relaciones de las cuales forma parte. Su comprensión comienza con este reconocimiento, y luego prosigue desde ahí.

6. Es en el instante en el que el terapeuta olvida juzgar al paciente cuando la sanación ocurre. En algunas relaciones jamás se alcanza este punto, aunque tanto el paciente como el terapeuta pueden cambiar sus sueños en el proceso. Sin embargo, no será el mismo sueño para ambos, y por ende, no es éste el sueño de perdón en el cual los dos despertarán algún día. Lo bueno se guarda; de hecho, se atesora. Pero es poco el tiempo que se ahorra. Los nuevos sueños perderán su temporal encanto y se convertirán en sueños de miedo, que es el contenido de todos los sueños. Aún así, ningún paciente puede aceptar más de lo que está listo para recibir, y ningún terapeuta puede ofrecer más de lo que cree tener. Y, por lo tanto, hay un lugar para todas las relaciones de este mundo, y aportarán tanto bien como cada uno pueda aceptar y usar.

7. De todos modos, es cuando el juicio cesa que el sanar ocurre, pues sólo entonces puede entenderse que no hay orden de dificultad en la sanación. Éste es un entendimiento necesario para el sanador sanado. Ha aprendido que no es más difícil despertar a un hermano de un sueño que de otro. Ningún terapeuta profesional puede retener esta comprensión en su mente de manera estable, y ofrecerla a todo el que viene a él. Hay algunos en este mundo que han llegado muy cerca, pero no han aceptado el regalo completamente para poder quedarse y hacer que su comprensión permanezca en la tierra hasta el final de los tiempos. Difícilmente se los podría llamar terapeutas profesionales. Son los Santos de Dios. Son los Salvadores del mundo. Su imagen permanece, pues han elegido que así sea. Reemplazan otras imágenes, y ayudan con sueños amables.

8. Una vez que el terapeuta oficial se ha dado cuenta de que las mentes están unidas, puede también reconocer que el orden de dificultad en la sanación no tiene sentido. No obstante, mucho antes de lograr ésto en el tiempo, puede encaminarse hacia ello. Puede tener muchos instantes santos en el camino. Una meta marca el final de una jornada, no el comienzo, y a medida que se logra cada meta, se puede vislumbrar otra adelante. La mayoría de los terapeutas profesionales apenas están en el comienzo de la fase inicial del primer viaje. Incluso aquéllos que han comenzado a entender lo que tienen que hacer, pueden oponerse aún a iniciar el camino. Sin embargo, todas las leyes de la sanación pueden ser suyas en un solo instante. El viaje no es largo, excepto en sueños.

9. El terapeuta profesional posee una ventaja con la que puede ahorrar una enorme cantidad de tiempo si la usa adecuadamente. Ha elegido un camino en el cual hay una gran tentación de utilizar mal su papel. Ésto lo capacita para superar muchos obstáculos a la paz con bastante rapidez, si escapa a la tentación de asumir una función que no se le ha dado. Para entender que no hay orden de dificultad en la sanación, tiene que reconocer también su igualdad con el paciente. No hay términos medios en ésto. O son iguales o no lo son. Los intentos de los terapeutas de transigir con respecto a ésto son extraños en verdad. Algúnos utilizan la relación únicamente con el fin de coleccionar cuerpos para adorar en su santuario, y a ésto lo consideran sanación. Muchos pacientes, también, consideran este extraño procedimiento como la salvación. Aún así, en cada encuentro hay Uno Que dice: “hermano mío, elige de nuevo”.

10. No olvides que cualquier forma de especialismo debe ser defendida, y lo será. El terapeuta inofensivo tiene la fuerza de Dios con él, pero el terapeuta ofensivo (o defensivo), ha perdido de vista la Fuente de su salvación. No ve y no oye. ¿Cómo puede, entonces, enseñar?. Pues es la Voluntad de Dios que él tome su puesto en el plan para la salvación. Pues es la Voluntad de Dios que ayude a su paciente a unirse a él allí. Pues su incapacidad de ver y oir no limita al Espíritu Santo en manera alguna. Excepto en el tiempo. En el tiempo puede haber un gran retraso entre el ofrecimiento y la aceptación de la sanación. Éste es el viejo velo que cubre el rostro de Cristo. Pero no puede ser sino una ilusión, pues el tiempo no existe y la Voluntad de Dios ha sido siempre exactamente como es.

c)- La cuestión del pago 

1. Nadie puede pagar por la terapia, pues la sanación es de Dios y Él no pide nada. Sin embargo, es parte de Su Plan que todo en este mundo sea utilizado por el Espíritu Santo para ayudar a cumplir con el plan. Aún el terapeuta avanzado tiene algunas necesidades terrenales mientras está aquí. Si necesita dinero se le dará, no como pago, sino para ayudarle a desempeñarse mejor dentro del plan. El dinero no es malo. No es nada. Pero nadie aquí puede vivir sin ilusiones, pues aún debe esforzarse por lograr que la última ilusión sea aceptada por todos en todas partes. Tiene una parte extraordinaria en este único propósito, para el cual vino. Sólo para eso permanece aquí. Y mientras permanezca, se le dará lo que necesite para quedarse.

2. Sólo un sanador no sanado intentaría sanar por dinero, y no tendrá éxito en la medida en que lo considere de valor. Ni encontrará su sanación en el proceso. Habrá algunos a quienes el Espíritu Santo les pida algún pago para Su Propósito. Habrá otros a quienes no se lo pida. No debe ser el terapeuta el que tome estas decisiones. Hay una diferencia entre pago y costo. Dar dinero donde el Plan de Dios lo asigna no tiene costo. Retenerlo de donde corresponde por derecho tiene enorme costo. El terapeuta que lo hace pierde el nombre de sanador, pues nunca podría entender lo que es la sanación. No puede darla, y por ende, no puede tenerla.

3. Los terapeutas de este mundo son ciertamente inútiles para la salvación del mundo. Hacen exigencias, y por tanto, no pueden dar. Los pacientes pueden pagar solamente por el intercambio de ilusiones. Ésto, en verdad, tiene que exigir pago, y el costo es grande. Una relación “comprada” no puede ofrecer el único regalo por el que se consigue toda sanación. El perdón, el único sueño del Espíritu Santo, no debe tener costo. Puesto que si lo tiene, simplemente crucifica de nuevo al Hijo de Dios. ¿Puede ser ésta la manera en que se le perdone?. ¿Puede ser así como termine el sueño del pecado?.

4. El derecho a vivir es algo por lo que nadie tiene necesidad de luchar. Se le ha prometido, y está garantizado por Dios. Por consiguiente, es un derecho que el terapeuta y el paciente comparten por igual. Si su relación ha de ser santa, cualquier cosa que uno necesite, el otro la da;  cualquier cosa que le haga falta a uno, el otro la provee. Es aquí donde la relación se hace santa, pues es aquí donde ambos son sanados. El terapeuta compensa al paciente con gratitud, lo mismo que el paciente lo compensa a él. No hay costo para ninguno de los dos. Pero se le debe gratitud a ambos, por liberarse de la duda y de la prolongada prisión. ¿Quién podría no mostrarse agradecido por semejante regalo?. Pero ¿quién podría imaginar que éste puede comprarse?.

5. Se ha dicho correctamente que a aquel que tiene se le dará. Porque tiene, puede dar. Y, porque da, se le dará.  Ésta es la ley de Dios y no la del mundo. Así ocurre también con los sanadores de Dios. Dan porque han oído Su Palabra y la han comprendido. Todo lo que necesitan se les habrá dado de esta manera. Pero perderán esta comprensión a menos que recuerden que todo lo que tienen procede únicamente de Dios. Si creen que necesitan cualquier cosa de un hermano, no lo reconocerán más como un hermano. Y si hacen ésto, una luz se apaga incluso en el Cielo. Donde el Hijo de Dios se vuelve contra sí mismo, sólo puede contemplar la oscuridad. Se ha negado la luz a sí mismo, y no puede ver.

6. Hay una regla que siempre debe observarse: no debe rechazarse a nadie porque no pueda pagar. Nadie es enviado a otro por accidente. Las relaciones siempre tienen un propósito. Cualquiera que pueda haber sido el propósito antes de que el Espíritu Santo entrara en ellas, son siempre Su templo potencial; el lugar de descanso de Cristo y el hogar de Dios Mismo. Quien quiera que llegue, ha sido enviado. Tal vez ha sido enviado a dar a su hermano el dinero que necesita. Ambos serán bendecidos de este modo. Tal vez fue enviado a enseñar al terapeuta cuánto necesita el perdón, y cuán poco valor tiene el dinero al comprarlo con éste. De nuevo, ambos serán bendecidos. Sólo en términos de costo podría uno tener más. Al compartir, todos deben ganar una bendición sin costo alguno.

7. Esta visión del pago puede parecer muy poco práctica, y así sería a los ojos del mundo. Pero ninguno de los pensamientos mundanos es realmente práctico. ¿Cuánto se paga al esforzarse por conservar ilusiones?. ¿Cuánto se pierde al desechar a Dios?. ¿Y es posible hacerlo?. Es, sin duda, poco práctico esforzarse por nada, e intentar hacer lo imposible. Por eso, detente un momento, lo suficiente para pensar en ésto: tal vez has estado buscando la salvación sin reconocer hacia dónde mirar. Quienquiera que te pida ayuda puede mostrarte hacia dónde. ¿Qué mejor regalo se te podría dar?. ¿Qué mejor regalo podrías dar?.

 

8. Médico, sanador, terapeuta, sánate a ti mismo. Muchos llegarán a ti portando el regalo de la sanación, si así lo eliges. El Espíritu Santo nunca rehúsa una invitación a entrar y morar contigo. Te dará infinitas oportunidades de abrir la puerta de tu salvación, pues tal es Su Función. También te dirá exactamente cuál es tu función en cada circunstancia y en todo momento. Quien quiera que Él te envíe, llegará a ti, ofreciendo la mano a su Amigo. Permite que el Cristo en ti, le de la bienvenida, pues ese mismo Cristo se halla en él también. Niégale la entrada, y has negado el Cristo en ti. Recuerda la deplorable historia del mundo, y las felices nuevas de la salvación. Recuerda el plan de Dios para la restitución de la alegría y la paz. Y no olvides cuán simples son los caminos de Dios:


“Estabas perdido en la oscuridad del mundo hasta que pediste luz.
Y entonces Dios envió a Su Hijo para dártela”.

 

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