Toda una experiencia vivir en la paz de Dios
Escrito por Georgina Arteaga-Carlebach, publicado en Facebook
Verdaderamente es toda una experiencia la que vivimos cuando podemos comprender y aceptar caminar con la Visión de Cristo, se convierte en un transitar en paz y amor incondicional hacia un mismo, y extendiéndolo a nuestro hermano. Nuestras relaciones son transformadas porque las establecemos desde un pensamiento de Unidad, en ellas se presenta la unión de dos personas, se establece una relación, del tipo que ésta sea, sin dependencias ni expectativas, sin juicios ni evaluaciones, y se da el encuentro de dos seres completos, conscientes, que conocen el camino del perdón y el amor, y que han decidido experimentar la paz. ¿Fácil? Tal vez no al inicio. ¿Posible? Sí.
Es el momento en que reconocemos nuestra valía y la de nuestro hermano, es un nuevo camino que nos conduce a deshacer la culpa de una relación especial que cambia su meta hacia el perdón y hacia la verdad que es parte de Dios. Es despertar del sueño de pesadilla, de la irrealidad en que antes transitábamos. Es el cambio de mente que triunfa sobre el mundo ilusorio y trasciende al ego, y toma la conciencia que nos permite identificarnos totalmente con nuestro Ser verdadero, el Cristo que habita en nuestro interior. Ya no buscamos fuera, ya sabemos que somos Él. Es unirnos a la Voluntad de Dios y transitar sintiéndonos en paz, observando cada problema como una oportunidad de aprendizaje, disfrutando cada experiencia de vida.
“Padre, la paz de Cristo se nos concede porque Tu Voluntad es que nos salvemos. Ayúdanos hoy a aceptar únicamente Tu regalo y a no juzgarlo. Pues se nos ha concedido para que podamos salvarnos del juicio que hemos emitido acerca de nosotros mismo”. (Lección 305.2)
Es en el espacio de nuestro espíritu donde mora Cristo, y en ese espacio nos sentimos llenos de gratitud, podemos caminar en un proceso continuo de sentirnos en paz, o al menos de mantener esta paz durante largos espacios de tiempo, aún dentro del tiempo lineal del sueño feliz. Ya nos damos cuenta que podemos trabajar el perdón verdadero, el que nos puede liberar de caminar con miedo, y trabajando en asumir nuestra responsabilidad de cada decisión que hacemos, viviendo el presente continuo en el que el juicio y el miedo desaparecen, las grabaciones del pasado se cierran para abrir un nuevo círculo de amor. Ahora hemos comprendido que el perdón conduce a la conciencia de uno mismo y reestablece la integridad personal. Esta paz se presenta al aceptar la visión de Cristo, que nos presenta que más allá del miedo que ha fabricado el ego para mantenernos separados y sin libertad, se encuentra el Amor de Dios que nos hace libres y conscientes.
“¿Qué otra cosa sino la visión de Cristo querría utilizar hoy cuando me puede conceder un día en el que veo un mundo tan semejante al Cielo que un viejo recuerdo vuelve a aflorar en mi conciencia? Hoy puedo olvidarme del mundo que fabriqué. Hoy puedo ir más allá de todo temor, y ser restaurado al amor, a la santidad y a la paz. Hoy soy redimido, y vuelvo a nacer en un mundo misericordioso y solícito; un mundo lleno de bondad en el que reina la paz de Dios”. (Lección 306.1)
Es cuando nos extendemos que llevamos a cabo nuestra función, nuestra misión, es en esta aceptación que se presenta el proceso de la Creación real, en la que el espíritu fluye extendiendo a Cristo a través del perdón que libera y genera paz y felicidad, nos conduce a la Unidad, y al haberlo incorporado en nosotros lo compartimos con nuestro hermano, y él a la vez decidirá si desea seguir este mismo proceso, hasta llegar el momento en que el mundo sea liberado del error de la culpa y el pecado. Hemos podido regresar felizmente a la realidad y la verdad de la verdadera Creación de Dios. En ese momento en que abrimos los ojos recordamos quiénes somos, nos unimos a nuestra Fuente de la que provenimos, y encontramos la verdad en nuestra mente y en nuestro corazón, salimos de la oscuridad a la luz del amor, es el momento de nuestra Resurrección.
“Padre, por fin estamos abriendo los ojos. Tu santo mundo nos espera, pues por fin hemos recobrado la visión y podemos ver. Pensábamos que estábamos sufriendo. Pero era que nos habíamos olvidado del Hijo que Tú creaste. Ahora vemos que las tinieblas son el producto de nuestra propia imaginación y que la luz está ahí para que la contemplemos. La visión de Cristo transforma las tinieblas en luz, pues el miedo no puede sino desaparecer ante la llegada del amor. Déjame perdonar hoy Tu santo mundo, para poder contemplar su santidad y entender que no es sino el reflejo de la mía”. (Lección 302.1)
Éste es el regalo de Cristo que habíamos estado esperando, es para todos, no lo hagamos a un lado, disfrutémoslo como los niños lo hacen con sus más preciados regalos, recordando que somos los niños que están aprendiendo las lecciones del perdón y del amor, entonando la nueva canción, recordando el canto olvidado, tocando las nuevas notas y acordes, estableciendo la nueva oración de gratitud a Dios, en la que ya no le pedimos nada, porque ahora sabemos que todo nos ha sido dado en abundancia, y Sus Gracias son nuestras.
Solo en el mundo del ego la percepción es falsa y no hay espacio para ascender al conocimiento, en ese mundo el perdón y el amor no se presentan, el mensaje es que todo es imperfecto y desagradable, el amor es desconocido, la visión está nublada por el pecado y la culpa, Cristo es un desconocido, y Dios es castigador. Pero podemos cambiar el viejo maestro ego y elegir al Espíritu Santo, Quien nos hace ver que desde la visión de Cristo el mundo es diferente, desde ésta podemos ver un mundo de santidad, en donde el pecado y la culpa son inexistentes, el juicio no es necesario, el mundo es perdonado, es cubierto con la luz del amor, esta es una percepción real. Si hacemos una nueva elección de maestro empezamos la formación de la mentalidad recta (reeducación mental) que escucha al Espíritu Santo y se perdona y perdona al mundo, y en su lugar ve el mundo real de Dios a través de la Visión de Cristo.
El Espíritu Santo nos ofrece la curación y con ello salir de la oscuridad de la percepción errónea, de salir a la luz del conocimiento y aceptar a Cristo renacer en nosotros. Démosle la bienvenida, y démosle muchas gracias a Quien sabe del mundo irreal, sabe del mundo de nuestras ilusiones, y desde éstas nos apoya con Sus enseñanzas, con verdades que nos facilitan poder descorrer el velo oscuro que cubría la luz del amor. Son enseñanzas que nos permiten comprender y poder incorporar nuevas formas de pensamiento, en el que el perdón se instala para dar paso a una nueva visión que permite amarnos y extender nuestro amor, nos enseña lo que podemos experimentar al alcanzar el instante santo, el descubrir que somos perfectos. Aceptemos a Cristo que hoy llega a compartir con nosotros el amor, hagamos un festín de bendiciones con Él.
“Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. Y no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. La percepción es un espejo, no un hecho. Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. Quiero bendecir el mundo contemplándolo a través de los ojos de Cristo. Y veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados”. (Lección 304.1)
El velo que ha nublado la visión del Cristo que habita en nosotros fue tejido por el ego con hilos negros de pensamientos de culpa y miedo, desamor, juicio, auto castigo. Pero cuando aceptamos nuestra responsabilidad podemos deshacerlo, podemos liberarnos de él, descorriéndolo con paciencia, con perdón. Descorrerlo significa seguir las enseñanzas del Espíritu Santo; es entrar en el intervalo de tiempo en el que hacemos espacio al perdón expulsando la culpa y el miedo, elegimos el milagro en lugar del agravio, anulamos la idea de pecado, cambiamos de maestro. Es expresar nuestra pequeña disposición de vivir en paz en el presente, el cual nos abre la puerta hacia la eternidad, en vez de seguir aferrados al pasado que nos mantiene en el tiempo irreal y limitado. Es un cambio de percepción, y en este nuevo camino empezamos a identificarnos con la visión de Cristo, con la visión del amor perfecto, impecable e inmutable.
“Padre, hay una visión que ve todas las cosas sin mancha alguna de pecado, lo cual indica que el miedo ha desaparecido, y que en su lugar se ha invitado al amor. y éste vendrá dondequiera que se le invite. Esta visión es Tu regalo. Los ojos de Cristo contemplan un mundo perdonado. Ante Su vista todos los pecados del mundo quedan perdonados, pues Él no ve pecado alguno en nada de lo que contempla. Permite que Su verdadera percepción venga a mí ahora, para poder despertarme del sueño de pecado y ver mi impecabilidad en mi interior, la cual Tú has conservado completamente inmaculada en el altar a Tu santo Hijo, el Ser con Quien quiero identificarme”. (Lección 313.1).
Desde esta nueva visión podemos establecer un nuevo tipo de relación con nosotros mismos y con nuestro hermano, en esta nueva relación nos reconocemos seres perfectos y podemos observar también la perfección de nuestro hermano, en cada persona podemos descubrir la faz de Cristo. Ahora comprendemos que ese otro es igual que nosotros, está solicitando o entregando amor, y por lo mismo nos alejamos de los juicios, nos establecemos en un presente en el que podemos recordar a Dios y Su Creación perfecta. Podemos ya identificar que son solo nuestros pensamientos y actitudes hacia nosotros mismos, hacia la gente y las situaciones, lo que nos causa conflicto y aflicción. Nos damos cuenta que sostener nuestra mente en el pasado y el futuro nos despoja de la oportunidad de vivir y experimentar un presente lleno de oportunidades, que cada instante nos permite examinar nuestra vida y elegir otra vez qué es lo que queremos sentir: amor o miedo, paz o conflicto. Es reeducar la mente y abrir nuestro corazón al amor, a sentir la abundancia en que Dios nos mantiene.
En este nuevo espacio de encuentro con las personas que llegan a nuestra vida nos damos la mano y reconocemos que somos Uno, nos unimos desde el Cristo que vive en todos. Compartimos el pensamiento que nos hace saber que todos podemos transitar en paz, sintiéndonos bendecidos y amados, sabiendo ya que no estamos solos, que somos la perfección de nuestro Padre, que somos Su Extensión, que Él nos ama exactamente como somos. Esta visión es la que nos permite permanecer en el camino en el que reconocemos que dar y recibir es lo mismo, que cuando nos amamos es fácil amar a los demás, que si ofrecemos amor es lo que regresará a nosotros. Ahora sabemos que el ego miente, que trata siempre de desviarnos del camino del perdón que nos hace libres, nos damos cuenta que los juicios separan y son innecesarios.
“Cuando dos o más hermanos comparten un mismo propósito en el mundo del miedo, se encuentran ya en el umbral del mundo real… Pues cuando se dieron la mano, fue la mano de Cristo la que tomaron, y contemplarán a Aquel de cuya mano van asidos… ¡Cuán fácil y ligero es el paso que te saca de los estrechos confines del mundo del miedo una vez que has reconocido de Quién es la mano de la que vas asido! Tienes a mano todo lo necesario para poder alejarte del miedo para siempre con perfecta certeza, y para seguir adelante y llegar cuanto antes a las puertas del Cielo. Pues Aquel de Cuya mano vas asido sólo estaba esperando a que te unieses a Él…Su bendición descansa sobre ti tan indudablemente como el Amor de Dios descansa sobre Él. 6Su gratitud hacia ti sobrepasa tu entendimiento, pues tú le has permitido liberarse de sus cadenas para que juntos os dirijáis a la morada de Su Padre”. (T.30.V.7:1,4;8:1-3,5-6).
Es esta experiencia de vida lo que verdaderamente nos hace voltear a observar el mundo con una lente diferente, más limpia, sin manchas que nublen nuestro camino, sin límites, en un amor permanente que nos hace vibrar en una nueva nota musical, nuevos acordes, una nueva canción de amor. Aquí nos damos cuenta que somos Cristo, que somos la extensión perfecta de Dios. En este nuevo camino de vida y con esta nueva canción compartimos nuestras experiencias, nos adentramos en la paz y la felicidad que siempre han sido nuestras, reconocemos a cada hermano como nuestro espejo, salimos a aprender con una nueva actitud, porque ahora sabemos que cada problema que se presente en nuestra vida es en realidad una experiencia de la que podemos obtener un nuevo aprendizaje, y lo más importante, sabemos que el Espíritu Santo nos guía de regreso a nuestra Fuente Divina, a nuestro hogar que es el Cielo. Que bello es vivir con esta visión de amor.
NAMASTE